lunes, 18 de octubre de 2010

Un año sin el más grande


Mi afición a la radio, nacida, como muchas otras y buenas costumbres, gracias a mis padres; me llevó a sentir fascinación por lo que se tejía al otro lado del transistor, que era como se llamaba por entonces. En aquella casa se desayunaba, comía o cenaba con la radio sonando de fondo. Era una compañía agradable, una presencia enigmática y cautivadora.

Siempre hubo algo que me intrigo y sólo yo participaba de un juego que me divertía. Imaginaba las caras de las personas que hablaban, ponía expresión a su rostro, ideaba su manera de vestir o su peinado. Eran como yo quería que fueran. Además, en aquella época resultaba complicado conocer los rostros de los locutores o tertulianos del programa de turno. Internet ni tan siquiera era un proyecto, y la radio, siendo un medio fundamental y básico por entonces, ha adquirido un mayor protagonismo y relevancia con el paso de los años.

Recuerdo con especial cariño una anécdota asociada a este particular juego. Corría el año 1991, era primavera, y con dieciocho años me disponía a ver mi primer partido de ACB fuera de León. En aquella época el baloncesto también era retransmitido por la radio, y mi amigo Juan y yo estábamos enganchados a la particular forma de narrar de dos locutores, Andrés Montes y Siro López. Eran los tiempos en los que, la desaparecida Antena 3 radio nos llevaba el baloncesto a casa.

Disfrutábamos, especialmente, con la forma de narrar que tenía Montes. Sus graciosas expresiones y sus constantes apodos, Romay "La grúa municipal", Josechu Biriukov Aguirrergabiria "Teléfono rojo desde Moscú", Nacho Azofra "El chico más listo de la clase" o Alberto "Caviar" Herreros. Era un aluvión de adrenalina lo que recibías sentado en el sofá de casa. Aquel fue el primer año del Elosúa León en ACB, al que llamó, "La fiebre amarilla".

Antes del esperado viaje a Madrid, Juan se acercó y me dijo: "¿Sabes una cosa?" "¿Qué?" "Andrés Montes es negro y lleva pajarita" " ¡No jodas!". Está de más decir que no fue una reacción xenófoba, simplemente veía mi juego destrozado y mi imaginación rota en mil pedazos y esparcida por el suelo. Nunca me lo imaginé de aquel modo, lo mismo me ocurrió con el resto de las caras que figuré para todas aquellas voces.

El partido nos importaba, como no. Era un Real Madrid-Elosúa León, la primera vez que el equipo de nuestra ciudad jugaba un partido de ACB en casa del equipo blanco, además, el escenario para dos chavales venidos de provincias no podía resultar más impresionante. Un campo de baloncesto con un velódromo dentro, así era el desaparecido Palacio de la Comunidad. Pero si había algo que hacía aquel viaje especial, era ver a Andrés Montes.

Nos acercamos hasta la cabina de Antena 3 radio, y dentro vimos a un tipo calvo, negro, que lucía una pajarita muy llamativa y vivía el partido con una emoción que nos estremeció.

Esa fue la única vez que lo vi en persona, jamás olvidaré aquella imagen. A partir de aquel momento oírle supuso una experiencia diferente, podía poner cara a una voz. Sabía como era la persona que me inyectaba baloncesto a raudales cada fin de semana. Conocía al tipo que hacía que una narración fuera algo irrepetible. Mucho después de aquello descubrí que, Andrés Montes fue una de las causas por las que conseguí ser entrenador de baloncesto.

Después desapareció, más tarde, en una jugada maestra del Plus, volvió con dos de los que más saben de ésto (Daimiel y Segurola), para evitar que nos durmiéramos bien entrada la madrugada con los partidos de la NBA. Sus frases empezaron a ser repetidas por todos los amantes del baloncesto. No ha habido pachanga alguna en este país en la que no se haya llamado a alguien "jugón" o en la que no se haya dicho: "Wilma, ábreme la puerta", cuando uno de nosotros hacia un tiro horrible. Su peculiar estilo no dejaba indiferente a nadie.

Con su paso al fútbol y su famoso "Tiki-taka" entró en las casas de todos los españoles. Rompió todos los patrones de conducta establecidos hasta entonces, las narraciones clásicas y encorsertadas dejaron paso a expresiones como: "Fútbol con fatatas" o "¿Dónde están las llaves Salinas?".

Cuando el 16 de octubre de 2009 me enteré de su muerte, sentí, como muchos otros, que algo de mi se iba con la figura de Andrés Montes. Supe con absoluta certeza que ver un partido de baloncesto por la televisión nunca seria lo mismo sin él. Pero, si de algo estoy especialmente seguro, es de que, como el decía: ¡La vida puede ser maravillosa!


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