viernes, 15 de octubre de 2010

Si Séneca o Sócrates levantaran la cabeza


Ayer noche cuando volvía a casa eran poco más de las doce. Regresaba de las tradicionales cañas, ahora, de los jueves. Salí del garaje, y al llegar a los ascensores me encontré a un desconocido con traje y corbata. Obviamente me llamó mucho la atención. Le dí las buenas noches, mientras, extrañado y un poco confundido por semejante aparición pulsaba el botón del ascensor.

Se acercó a mi y con mucha educación me dijo: "Disculpe señor, si quiere subir en este ascensor tendrá que pagar". La carcajada provocó que se despertara el del quinto. "No es ningún chiste, mi nombre es Otis, soy el autor intelectual de estos ascensores y si usted quiere subir en ellos me tendrá que pagar". "Venga Otis, o como te llames, no me vaciles". "No es ningún vacile, si no está dispuesto a abonar la cantidad correspondiente me veré obligado a interponer una demanda en el juzgado". Tan serio se puso Otis que me creí a pie juntillas lo que me decía.

La puerta del ascensor se cerró ante mi, retrocedí, di media vuelta y me encaminé hacia las escaleras. Tras dar tres pasos volví a oír la aterciopelada voz de Otis, "En las escaleras está Mariano, el autor intelectual de las mismas. Eso sí, como subir hasta su casa por este medio requiere un poco de esfuerzo, el canon resulta más barato". "Pues no pago". "Pues no sube". A ver como le explico a Pilar que dormí en el coche porque Otis y Mariano no me dejaban subir a casa si no pagaba el puto canon. Mientras cabizbajo me dirigía al garaje pensé: "Espero que, al menos Citroën, esté en otra casa".

Este relato, tan esperpéntico y surrealista, no dista mucho de la realidad que actualmente vive este país. No tardará en llegar el día en el que haya que pagar por todo mientras nos podamos acoger a la tan sobada propiedad intelectual.

Hace tiempo que quedó demostrada la falta de escrúpulos que tiene la SGAE, hace tiempo que su afán recaudatorio quedó fuera de toda duda y hace mucho más que, todos sabemos que el único interés que tienen no es otro que enriquecerse.

Cuando hace unos meses, diferentes medios de comunicación se hacían eco de la pensión que se ha garantizado el presidente de dicha sociedad, tomé la decisión de abrir este blog esperando tener un momento de inspiración y un golpe de fortuna, nunca mejor dicho. A tenor de las cifras que se manejan y de mi irrefrenable codicia, no voy a cejar en el empeño.

Lo que sí es cierto es que, hay que tener una gran capacidad intelectual para discurrir en qué lugares puedes aplicar el canon. No se libra nadie, bares, cafeterías, panaderías, tiendas, supermercados, bodas, colegios o institutos. Todo aquel que quiera disfrutar y divulgar cultura debe pasar por caja. Incluso el 5% de la recaudación de los conciertos benéficos deben ir destinados a las arcas de esta sociedad sin ánimo de lucro.

Iba a seguir escribiendo y, además, el tono del post prometía adquirir niveles jamás conocidos en este blog; pero me veo en la obligación de dejaros. Me acaba de llamar Teddy y me ha dicho que cuatro de las entradas que he escrito han sido elegidas para ser interpretadas en "El Club de la comedia". Me voy a buscar los réditos de mi intelecto.

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