viernes, 29 de octubre de 2010

Libertad para intoxicarse


Cuando uno se adentra en cualquiera de los pubs de Tempel Bar y observa a los dublineses que, han hecho de estos establecimientos su segunda casa, con sus rojas y simpáticas caras, y aquellas pintas que van cayendo una tras otra por sus gaznates, reflexiona sobre cómo han sido capaces de acostumbrarse a la restricción de fumar dentro de los pubs.

En otros países como, Francia, Italia o Estados Unidos me llamó la atención, pero no tanto como en Irlanda. No es exagerado afirmar que, los irlandeses, los cuales tienen un carácter parecido al español, sobre lo cual dicen sentirse orgullosos, pasan una gran parte de su tiempo en las cantinas. Es algo que forma parte de su manera de entender la vida. Los pubs siguen llenos, la música continúa sonando y la gente no deja de divertirse.

Por eso, no alcanzo a entender a toda esa gente que dice que la hostelería recibirá, a partir del 2 de enero, el golpe de gracia, ya que con lo castigado que está el sector por culpa de la dichosa crisis ésto era lo que faltaba. Sólo estoy de acuerdo con aquellos que tuvieron que acometer reformas para adaptarse a la ley actual y, ahora, se sienten agraviados. Y mucho menos entiendo a aquellos que argumentan estar en contra porque la nueva ley atenta contra su libertad.

Y yo me pregunto, ¿qué pasa con la libertad de los que no fumamos?. Nadie impide a los fumadores seguir con su particular suicidio, ya sea en su casa, en los coches o en la calle, pero a los que nos gusta vivir al margen de semejante vicio, no tenemos porqué intoxicarnos con los ajenos, cada uno que apechugue con los propios.

Como bien dice mi padre, la libertad de cada uno termina donde empiezan los derechos de los demás. El derecho de los trabajadores de la hostelería a no estar permanentemente tragando el humo de los cigarros de sus clientes, el derecho de los clientes no fumadores a disfrutar de una atmósfera que bastante tiene con el olor a calamares y a humanidad o el derecho de los padres a poder ir con sus hijos a cualquier bar y no tener que renunciar al derecho de poder alternar durante un rato.

Hace unos días viví una situación que me sorprendió sobremanera, estábamos en una cena con personas de diferentes nacionalidades, alemanes, turcos, irlandeses, portugueses, etc. Dentro de ellos había fumadores, cuando tenían ganas de echar un cigarro salían a la calle con total naturalidad ante el asombro de los españoles que allí nos encontrábamos, perplejidad que aumentaba cuando reaccionaban como si estuviéramos locos al decirle alguno que, allí dentro se podía fumar. Demostraron tener un respeto al que nosotros miramos desde lejos.

En muchos aspectos hemos sido pioneros, en otros tantos estamos a la cola de Europa. Tengo una serie de dudas al respecto que, empezarán a resolverse a partir del 2 de enero. Sólo espero que impere el sentido común y el buen juicio. Y ya sabéis, si alguna vez venís a mi casa, os espera la terraza.

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