miércoles, 20 de octubre de 2010

La olvidada esencia

Hace tiempo que el teléfono no suena con la misma frecuencia que antes, ya no doy ruedas de prensa, ni pienso en cómo defender el bloqueo directo. Sin embargo, ahora pongo aros en el suelo, hablo de chicles en las suelas de las zapatillas y me desespero cuando, tras mucho repetir, no son capaces de coordinar sus pasos para entrar por la izquierda.

No veo vídeos ni viajo en avión, visito los hoteles en viajes de placer, no hablo en inglés, el fisio que ahora no existe no venda tobillos, el parqué ha dado paso al patio de un colegio, el preparador físico que está con el fisio que ya no existe no me habla de microciclos, no hay gente en las gradas y las líneas que delimitan la pista están rodeadas de padres; no hay equipaciones para entrenar, cada uno lleva su camiseta, parecen el arco iris. Eso son, luz, color, alegría, esencia pura. Así son los niños.

He vuelto a ver una sonrisa con un balón en las manos, he recordado el significado de la palabra divertirse, veo la ingenuidad y la falta de egoísmo, y me emociono. A veces me desespero, sí, porque no saben pivotar, porque pierden la concentración y están en su mundo, me desespero, por eso y por otras muchas cosas; pero merece la pena solamente por verles reír, por saber que disfrutan.

No voy a negar que echo de menos el baloncesto profesional, mucho. Pero estos chavales de apenas doce años me han recordado el principio de muchas cosas. Siempre me he hecho una pregunta, ¿por qué cuando se llega a un determinado nivel nos olvidamos de la sustancia, de todo aquello que nos hizo coger un balón y no querer soltarlo jamás?

Cuando en algunas ocasiones en los equipos que he entrenado las cosas no iban bien, o más bien, iban bastante mal; observaba las caras de mis jugadores y me estremecía al pensar que no se divertían. Llegas a ser profesional y te ganas la vida jugando. Mientras muchos están en una oficina, en una mina, en un andamio o en un camión, trabajando sin descanso para poder llegar a fin de mes, algunos de los profesionales del deporte no se divierten jugando, y eso, es lo peor que le puede pasar a un jugador.

No hablo de olvidar los valores del deporte, hablo de perder la ilusión, de no recordar lo que te llevó hasta allí, de sentir obligación y aburrimiento, hablo de no disfrutar. Eso lo he visto, a veces en mis jugadores, otras, en los de los demás, y cuando ocurre, no puedo menos que sentir una tristeza cargada de cierta nostalgia de patio de colegio.

Es verdad, ya no hay focos, ninguna crónica hablará sobre nuestros partidos, ¿y qué más da? si he vuelto a encontrar la esencia.

2 comentarios:

  1. Nadie deberia olvidarse de como es el comienzo de todo este camino que cuando ya empieza a ser de largo recorido a veces no sabemos ni de donde partimos en su dia e incluso a veces no sabemos a donde queremos llegar. A las categorias profesionales les rodean una serie de cosas que bien por necesidad de victoria o bien por falta de tiempo, les hace olvidadarse del nexo de union de todo el planeta baloncesto. Nexo que ademas es el motivo de que todo esto siga en movimiento y tenga su propio sentido: la esencia.

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  2. Tienes razon Felix. Cuando yo trabaje con el equipo de baloncesto era tan serio que no era tan divertido. Ahora soy aficionado y es totalmente divertido it al partidos. Por cierto, si tu hechas de menos a gritar en ingles podras gritarme cuando vaya a tu casa en Los fines de octubre.

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