viernes, 29 de octubre de 2010

Libertad para intoxicarse


Cuando uno se adentra en cualquiera de los pubs de Tempel Bar y observa a los dublineses que, han hecho de estos establecimientos su segunda casa, con sus rojas y simpáticas caras, y aquellas pintas que van cayendo una tras otra por sus gaznates, reflexiona sobre cómo han sido capaces de acostumbrarse a la restricción de fumar dentro de los pubs.

En otros países como, Francia, Italia o Estados Unidos me llamó la atención, pero no tanto como en Irlanda. No es exagerado afirmar que, los irlandeses, los cuales tienen un carácter parecido al español, sobre lo cual dicen sentirse orgullosos, pasan una gran parte de su tiempo en las cantinas. Es algo que forma parte de su manera de entender la vida. Los pubs siguen llenos, la música continúa sonando y la gente no deja de divertirse.

Por eso, no alcanzo a entender a toda esa gente que dice que la hostelería recibirá, a partir del 2 de enero, el golpe de gracia, ya que con lo castigado que está el sector por culpa de la dichosa crisis ésto era lo que faltaba. Sólo estoy de acuerdo con aquellos que tuvieron que acometer reformas para adaptarse a la ley actual y, ahora, se sienten agraviados. Y mucho menos entiendo a aquellos que argumentan estar en contra porque la nueva ley atenta contra su libertad.

Y yo me pregunto, ¿qué pasa con la libertad de los que no fumamos?. Nadie impide a los fumadores seguir con su particular suicidio, ya sea en su casa, en los coches o en la calle, pero a los que nos gusta vivir al margen de semejante vicio, no tenemos porqué intoxicarnos con los ajenos, cada uno que apechugue con los propios.

Como bien dice mi padre, la libertad de cada uno termina donde empiezan los derechos de los demás. El derecho de los trabajadores de la hostelería a no estar permanentemente tragando el humo de los cigarros de sus clientes, el derecho de los clientes no fumadores a disfrutar de una atmósfera que bastante tiene con el olor a calamares y a humanidad o el derecho de los padres a poder ir con sus hijos a cualquier bar y no tener que renunciar al derecho de poder alternar durante un rato.

Hace unos días viví una situación que me sorprendió sobremanera, estábamos en una cena con personas de diferentes nacionalidades, alemanes, turcos, irlandeses, portugueses, etc. Dentro de ellos había fumadores, cuando tenían ganas de echar un cigarro salían a la calle con total naturalidad ante el asombro de los españoles que allí nos encontrábamos, perplejidad que aumentaba cuando reaccionaban como si estuviéramos locos al decirle alguno que, allí dentro se podía fumar. Demostraron tener un respeto al que nosotros miramos desde lejos.

En muchos aspectos hemos sido pioneros, en otros tantos estamos a la cola de Europa. Tengo una serie de dudas al respecto que, empezarán a resolverse a partir del 2 de enero. Sólo espero que impere el sentido común y el buen juicio. Y ya sabéis, si alguna vez venís a mi casa, os espera la terraza.

jueves, 28 de octubre de 2010

Andanzas de adolescentes

Ahora que nos hemos hecho mayores y un poco responsables, nos llevamos las manos a la cabeza pensando en las cosas que hace la juventud, decimos con absoluto convencimiento que nosotros no éramos así, que nuestras correrías eran más graciosas y estaban llenas de ingenio.

Algunos teníamos carné de conducir, otros la suerte de contar con un coche, nuestros padres ya nos dejaban solos el fin de semana, disfrutábamos de nuestras casas y ya no preguntábamos a qué hora debíamos regresar, el frío daba paso al cobijo de un techo en esas reuniones previas antes de ponernos en marcha.

Siempre había alguna prueba que te delataba, creías tenerlo todo bajo control, limpiabas hasta la última partícula que quedaba despistada, pero, aún así, te pillaban. Mi padre no, que siempre ha sido un poco despistado, pero no había domingo noche en el que mi madre no me trincara. Y es que, a veces resultaba complicado destruir las pruebas de veinte tíos comiendo huevos fritos con patatas en aquella cocina y bebiendo la limonada que previamente había macerado en los baldes de tender la ropa.

La fiesta estaba resultando un auténtico coñazo, nos encontrábamos en una finca ubicada a las afueras de León. El lugar era de ensueño, había un sendero perfectamente trazado que te llevaba hasta la casa y a ambos lados del mismo se situaban farolas y árboles. Las expectativas iniciales no se estaban cumpliendo, sólo Toño, en uno de esos arranques que tiene de vez en cuando, amenizaba la noche. El resto, juegos de mesa y bastante tedio.

En aquellos tiempos Fami tenía un mini, de los de verdad, de los de antes, de los de siempre. Espartano y duro pero con mucho encanto. Era la época en la que Carlos Saínz ganó su segundo mundial. Víctima de aquel hastío, y haciendo gala de mis facultades para enredar, propuse la posibilidad de correr un rally dentro de la finca. Inicialmente la idea fue acogida con un: "¡Estás loco!". Pasados unos minutos y después de bautizar al rally con el nombre de Mil Lagos, que es el que se corre en Finlandia, el personal empezó a animarse.

El primer tramo cronometrado lo corrió Fami, que para eso era el dueño del coche, el segundo me tocó a mi, y a punto estuve de entrar en el garaje de la casa sin abrir la puerta, menos mal que, cuando lo inevitable estaba a punto de suceder, encontré el pedal del freno. El tercero y último, no porque no hubiera más participantes, lo disputó David.

Fami, excepto cuando conducía, claro está, siempre iba como copiloto. David, como todos, había salido desde las proximidades del garaje. Chema, Roberto y yo estábamos esperando mientras grabábamos la carrera con un cámara de vídeo. La ida no hacía presagiar nada bueno, el coche culeaba y pasaba más tiempo con las ruedas en el césped que en la carretera. Chema, que es un visionario, le decía a Roberto que siguieran grabando porque se la iban a pegar.

El coche regresaba indomable, el sendero se estrechó y una farola apareció en su camino. Iba a decir el ruido o el estruendo, pero no, la hostia sonó como una bomba. Fue tremendo, nosotros, en vez de asustarnos, corrimos hacía el lugar sin poder parar de reír. Roberto no era capaz de sujetar la cámara y Chema sólo decía: "Ya te lo advertí, sigue grabando".

El guardabarros se había incrustado en una de las ruedas, la farola estaba en la finca de al lado y el césped había perdido su atractivo original. Richi, que había salido hacía un poco se acercó hasta allí, le dijimos que, con discreción consiguiera un cuchillo grande para intentar hacer palanca, ahora me doy cuenta que el golpe nos afectó a todos. Al entrar en la casa, donde todos los presentes vivían en el más absoluto desconocimiento, no se le ocurre otra cosa que decir: "Que alguien me de un cuchillo inmediatamente o de aquí no sale nadie".

Las barajas, el scattergories y los dardos por el suelo, carreras y explicaciones. Atropellados, nunca mejor dicho, salieron hacia el lugar del suceso. Alrededor se agrupaba toda la fiesta, la dueña de la casa, presa de la cólera, se acercó a pedir explicaciones, y Gelo, que llevaba un rato bregando con aquel guardabarros, la dejó sin palabras al decirle: "Te quieres callar de una puta vez, que estamos trabajando". Al día de hoy nos reímos, en aquel momento no sabíamos dónde meternos.

Allí llegó uno que era del otro bando, con su pelo repeinado y su caja de herramientas a la que no le faltaba de nada, salvo ser estrenada. Pedía que se cortara la luz, que la farola iba a provocar un cortocircuito; mientras, Fernando, mofándose de él, agarraba los cables y simulaba una descarga. Tanto insistió que, se fue en busca del cuadro de luces para cortar el suministro, discutía con Fernando sobre cuál era el interruptor que había que tocar, disputa que cesó cuando nuestro amigo argumentó que no rebatiera al hijo de un mecánico.

El guardabarros quedó abandonado en las proximidades de la finca, trabajo costó arrancarlo. Sin ningún cargo de conciencia y regocijándonos en nuestra hazaña alcanzamos el barrio Húmedo. A la mañana siguiente la finca amaneció inundada, el hijo del mecánico niega cualquier relación con los hechos.



miércoles, 27 de octubre de 2010

El lado oscuro de la verdad



La verdad tiene aristas y buscarla supone, en algunos casos, caminar por senderos siniestros y tortuosos, vivir mirando quién camina a tus espaldas y sospechar de cualquier sombra que aceche en medio de la noche.

Dormir cada día en un lugar diferente, pagar en metálico y no utilizar tarjetas de crédito, cambiar con frecuencia de número de teléfono, mantener siempre conversaciones encriptadas y registrarse en los hoteles con un nombre falso, son aspectos que forman parte de la vida de Julian Assange.

Pensamos que nos protegen, vivimos tranquilos sabiéndonos a salvo, tenemos la certeza de que los malos son otros y que, el crimen organizado, los narcotraficantes y toda esa "fauna" que habita en el planeta tierra acabará pagando por sus crímenes y sus delitos.

Las películas nos enseñaron que los estados mantienen el orden, desarticulan mafias, desenmascaran la mentira y nos resguardan. Siempre se creyó que, los crímenes y los abusos los cometían los perseguidos, aquellos a los que no ampara la legalidad; y siempre tuvimos la certeza de que, las únicas vidas que estaban en peligro eran las de los intocables de Elliot Ness.

Hace tiempo que los tiempos han cambiado, y así lo demuestra la publicación por parte de Wikileaks de 400.000 documentos clasificados por Estados Unidos sobre la guerra de Irak. En ellos se habla de torturas, vejaciones, asesinatos, silencios, muertes de civiles inocentes, falta de escrúpulos y humanidad y sobradas dosis de impunidad. En 400.000 informes caben muchos tormentos.

Antes ya desvelaron miles de documentos sobre la guerra de Afganistán. Ahora las diferentes administraciones implicadas acusan a Wikileaks y Julian Assange, su fundador, de poner en peligro la vida de los soldados que allí se encuentran, así como, la de los iraquíes o afganos que trabajan para ellos. En el mismo sentido se expresaron cuando se hicieron públicos los informes sobre Afganistán, sin embargo, un portavoz de la ONU afirmó que, no se conocen casos de personas que hayan necesitado protección o hubieran tenido que huir del país a raíz de dicha publicación.

Todo ésto deja al descubierto varias vergüenzas, la primera es la certificación de una sospecha mantenida en la sombra durante hace años, algunos estados, aprovechando la impunidad que les proporciona la legalidad que ellos crean, se han convertido en torturadores y asesinos, persiguiendo de manera atropellada todas las dosis de poder y los puñados de dólares que puedan conseguir a costa del sufrimiento y la dignidad ajena. La segunda supone la confirmación de que los servicios secretos de inteligencia deberían pensar en otra denominación. Al descubierto queda que, tienen poco de inteligentes y aún menos de secretos.

Assange se ha convertido en algo más que un personaje incómodo para muchos gobiernos, en especial el de los Estados Unidos. Muchos aseguran que, afortunandamente, su incipiente popularidad le proporciona la salvaguardia ante posibles conspiraciones. Otros no se muestran tan optimistas. Internet se ha convertido en un medio imposible de controlar y las repercusiones de lo publicado en la red cada día tienen un mayor calado.

En cualquier caso, más allá de los objetivos que persiga Assange, se sitúa la situación de impotencia y desamparado en la que quedamos los ciudadanos de a pie. En otro plano queda la esperanza de seguir confiando en la justicia, cayendo ésta, tanto sobre quien vulnera la ley, como sobre quien se cree al amparo de ella.





martes, 26 de octubre de 2010

El otro baloncesto

Esta mañana he recibido un email de mi amigo el de los salmones, que por cierto, se ha convertido en un clásico de este blog. En él me decía que, aunque le gustaban los temas que trato a diario, echaba en falta alguna que otra entrada sobre baloncesto.

Cuando pensé en crear este espacio, siempre tuve claro que no iba a hablar de la zona 1-3-1, ni del ataque "flex", ni a dibujar gráficos e intentar desenmarañar el ataque a zona del CSKA de Moscú. Los días que escribiera sobre baloncesto estarían llenos de reflexiones.

Como me consta fehacientemente que, al igual que yo, mi amigo el de los salmones es una amante de las cavilaciones y las anécdotas, me dispongo a escribir sobre ese baloncesto que no se ve, aquel que no se juega en las canchas, el que se disputa lejos de las miradas de los espectadores y no habla de planteamientos tácticos, sino de mano izquierda, capacidad para encajar y buenas dosis de cinismo para subsistir.

"Lo más importante y característico de una cosa", así define, en su segunda acepción, el diccionario de la Real Academia Española la palabra esencia. Esa que se pierde cada peldaño que subes, esa que se manipula y se transforma, esa que añoras cuando empiezas a entender el significado de la palabra ciclotimia.

En mis experiencias profesionales, como todos los que nos dedicamos a esta oficio, he vivido situaciones que ya le hubiera gustado describir al mismísimo Fellini, a más años en la profesión, más mundología. Recuerdo en especial la época en la que más aprendí, no sólo de baloncesto, sino de todo lo que rodea a este mundo que, al fin y al cabo, es lo que hay que saber manejar para triunfar en este negocio.

Resulta complicado definirle, era un tipo que te hacía sentir muy bien en ocasiones, gozaba de una buena conversación, tenía un gran sentido del humor cuando se encontraba a gusto consigo mismo y con el resto del planeta, le gustaba vestir bien, el buen yantar y el mejor beber, era culto, tenía inquietudes, le gustaba practicar deporte y sentía especial atracción por los placeres caros y vanidosos.

La primera parte de su descripción estaba íntimamente ligada al resultado de cada semana, a la llegada a tiempo del dinero que provenía de nuestro principal patrocinador, a que el periodista de turno no publicara ninguna primicia sin su consentimiento o a que alguno de los americanos no la liara. Nunca he visto a nadie durante tanto tiempo montado en una montaña rusa.

Cuando las cosas iban mal el timbre del teléfono se convertía en un martirio, podía marcar tu número 80 ó 90 veces al día. Cuando las cosas iban bien, si éstas duraban mucho tiempo, tenía la capacidad de complicarlas. Se convirtió en el principal corolario de la ley de Murphy.

Cuando jugábamos fuera, si la semana  anterior se había perdido, viajábamos en autobús, por mucho que hubiera que cruzar la península de sur a norte, y nos alojábamos en un hotel al que le habían pegado las estrellas con loctite. Si por el contrario el equipo estaba enrachado, sólo faltaba ir en business y visitar hoteles de gran lujo.

La cuestión estaba clara, ganábamos, éramos los mejores; perdíamos, el menda era un inútil y se había equivocado en el planteamiento, en los cambios, en el momento de pedir los tiempos muertos y en elegir la corbata que acompañaba al traje.

Hablaba con los americanos, con traductor, eso sí, jugaba a ser entrenador, maniataba la iniciativa de cualquiera, se enfrentaba a quien argumentara en sentido contrario, huía de los problemas y no respondía a las llamadas comprometidas.

Recuerdo una anécdota que retrata al personaje en cuestión. Hace unos años, Teledeporte emitía los partidos de la liga LEB. En uno de ellos jugaba el equipo del ínclito, yo ya no estaba en el club. Un representante de jugadores se situaba al otro lado de la televisión para ver el partido, llevaba varias semanas intentando localizarle, sin éxito, para pedirle que le pagara una comisión que tenían pendiente, si llamaba al móvil no respondía, si marcaba el número del club nunca estaba. Aprovechando que la cámara le enfocó, le llamó para observar su reacción. Pudo ver como sacaba el teléfono de aquella clásica chaqueta marrón, como miraba la pantalla y veía el nombre del cobrador del frac, como su tradicional moreno daba paso al rojo producto de la rabia, y como se pasaba la mano derecha por la calva en un gesto típico cuando la montaña rusa iba cuesta arriba.

No admitiré sentir aprecio por él, pero de algún modo le estoy agradecido. No me enseñó cómo planificar una pretemporada, ni cómo defender unos bloqueos escalonados , ni cómo entrenar una defensa match-up; pero me enseñó a ser más fuerte, a tener más mano izquierda, a saber decir hasta aquí hemos llegado, a no dejarme pisar y a denfeder mi integridad como persona y profesional.  Y todo eso lo logró sin quererlo.

lunes, 25 de octubre de 2010

Experiencias de juventud

Corría el año ´92, España caminaba hacia la modernidad y el progreso, y yo me disponía a realizar el camino inverso, aquel que tantas veces hicieron, año tras año, cientos de españoles. Eran muchas las cosas que había oído sobre aquella experiencia, algo que, para muchos otros, supuso durante largo tiempo una necesidad.

Había conocido a Jacques el invierno anterior. Me lo presentó una irlandesa a la que rondaba por aquella época, a ella la seguí rondando algún que otro fin de semana más hasta que, su falta de interés, y mis limitaciones con el inglés, evitaron lo que podía haber sido una preciosa historia de amor. Sin embargo, a aquel pequeño gabacho le fui frecuentando con asiduidad y, desde entonces, mantenemos una buena amistad. 

Las fantasías propias de un chaval de 19 años me llevaron a pensar que durante aquel mes de septiembre ganaría el suficiente dinero como para poder sobrevivir durante el resto del año. Eso era lo que se decía, había que trabajar muy duro, pero al final veías tu esfuerzo recompensado en forma de francos.

Nos pasamos todo el verano planificando el viaje, Jacques desde su Bages natal (localidad próxima a Perpignan), y yo, desde León. No resultó fácil encontrar un hueco para un chico sin ninguna experiencia en el sector. Además, el círculo estaba bastante acotado, familiares y amigos cercanos al dueño de las viñas eran los que acudían cada año a la recogida.

Guardo casi todos los recuerdos de aquel viaje con absoluta nitidez, desde el trayecto en coche cama hasta Barcelona, donde comencé a entender que nada es lo que parece. Aquel magnífico coche cama era un habitáculo, que tenía más de lo último que de lo primero, en el que se disponían tres literas a cada lado y donde se mezclaban las últimas experiencias de cada uno de nosotros. Pasé casi toda la noche en vela, caminando por el pasillo mientras me llegaban a partes iguales los ronquidos del tipo de la segunda litera que se encontraba al entrar a mano derecha, y el hedor que desprendían los pies de su vecino de abajo.

Mi primer día en la viña supuso la perfecta puesta en escena de un paleto de ciudad en el medio rural. Siempre me dijeron que, no hay una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión. El problema fue que equivoqué la indumentaria. Acudí a la viña peinado y repeinado, ya sé que muchos de vosotros creéis que siempre he sido calvo, en bermudas y con un polo Lacoste impoluto.

Tras unas breves lecciones de cómo cortar y recoger la uva y un: "chaval, ándate vivo que aquí vamos a toda hostia", comencé aquella extraordinaria experiencia. Después de abordar la segunda cepa, entendí que aquel polo al que tenía tanto aprecio no lo volvería a hacer bueno por mucho que lo lavara. Al llegar a casa de Jacques, y después de observar toda la mierda que salía de mi cuerpo mientras me duchaba, tomé la firme decisión de acudir a la viña todos los días con la misma ropa.

Pasé de ir afeitado, peinado y con la ropa inmaculada, a llevar barba de lunes a viernes, los pelos atusados de cualquier modo y aquel polo que podía ser obra del mismísimo Kandisky. Cuando alguna vez por la noche me despertaba, abría los ojos con pavor, deseando que fueran horas las que aún me quedaran por dormir. Por las tardes, tras la ducha en la que el suelo se transformaba de color negro, me aplicaba una crema milagrosa que aplacaba los dolores que tenía en los riñones.

Y así transcurrieron las semanas, a diario aguantando el tipo en los vaciles por mi cambio de look, los fines de semana disfrutando de la noche de la costa francesa, adecentado, por supuesto.

Me trataron mejor de lo que merecía, los padres de Jacques me acogieron y alimentaron como si fuera su hijo. En la viña, la confianza adquirida con el paso de los días superó la barrera idiomática y dio paso a las risas y a la complicidad.

Recuerdo con una sonrisa el día que fui a casa de Monsieur Vidal a recoger mi más que merecida paga al finalizar la temporada, le costó reconocer a aquel chaval que iba limpio y vestido como si se dispusiera a hacer la primera comunión.

Supuso una gran experiencia y sobre todo, dos confirmaciones; en la vendimia nadie se hace rico y hay que pasarlo realmente mal para "pasarlas más putas que en vendimia".

viernes, 22 de octubre de 2010

Así son ellos

Pasa el tiempo, los años y la vida; acumulamos experiencias, amigos, posesiones y recuerdos. Vivimos el presente, soñamos con el futuro y sentimos nostalgia del pasado, de ese que se fue para nunca regresar, de ese al que muchas veces nos gustaría retornar, para volver a disfrutar, para decir aquella palabra que nunca salió de nuestros labios, para agradecer lo mucho que hicieron por nosotros.

Pasa el tiempo y hay palabras que jamás pierden el significado pero quedan aisladas en la memoria, palabras que, en ocasiones, evocamos con añoranza. Palabras que nos recuerdan a ellos, que hablan de noches de sábado y mañanas de domingo, de excursiones, de concesiones de fines de semana prohibidas a diario, de jugosas propinas, de enseñanzas, de besos y cariño.

En muchos casos se convierten en imprescindibles, cuidan, crían y protegen. Renuncian a su más que merecido descanso por esos seres que les hacen reír, recordar y sentirse jóvenes. Algunos reniegan, otros esperan ansiosos la llegada del torbellino, pero ninguno puede vivir sin ellos. Enseñan cosas que no se aprenden en la escuela, cuentan batallas llenas de ternura y perdonan cualquier insolencia.

Tienen la paciencia que en muchos casos les faltó como padres, retozan y se tiran por el suelo como si fueran adolescentes, sus ojos brillan y su sonrisa está llena de magia. Recuperan una energía que se creía perdida, duplican su instinto de protección y hablan de dibujos animados.

Cuentan los cuentos mejor que los tíos, los cargan de experiencia, de intriga y hechizo. Permiten que sus hijos disfruten de un fin de semana, son el primer elemento de la conciliación familiar y laboral, y quien no los tiene cerca, cada día les echa más de menos.

Se ponen al día con inventos sofisticados, intentan hablar el mismo idioma, son los que más besos reciben a la puerta del colegio, cargan con las mochilas por más que les cueste soportar su propio peso, se siente orgullosos de sus nietos, los suyos hacen lo que nunca podrán hacer los demás, dicen que fueron los primeros en hablar, en andar y que sus expresiones son las más ingeniosas.


Siempre tienen un sí en los labios, desconocen el significado de la palabra no, permiten los caprichos que jamás hubieran consentido como padres, de vez en cuando llegan con un regalo inesperado, cumplen todo aquello que prometen y no se conceden el lujo de defraudar.

Así eran ellos, para los que los perdimos, así son, para los que los tienen y los disfrutan. Así son los abuelos.

jueves, 21 de octubre de 2010

Miedo al vértigo

Nos miramos aturdidos, eran las siete y cuarto, es cierto que, a estos acontecimientos ellas siempre suelen llegar tarde, para eso son las protagonistas. Hubo quien no le dio importancia al retraso, al fin y al cabo, Alicia siempre había tenido la costumbre de la impuntualidad, con mayor motivo aquel día, debieron pensar algunos.

Sin embargo, en los bancos situados en las primeras filas, la algarabía de hacía unos minutos había dado paso a un murmullo que no hacía presagiar nada bueno. Marcos sonreía tímidamente mientras con la vista perdida trataba de ajustarse el nudo de una corbata que, desde hacia un rato, no le llegaba al cuello.

Algunos salieron a la calle, hacia mucho calor, el sol cegaba, pero a pesar de ello pretendían ver una imagen que nunca llegaría. Así fue como los invitados empezaron a abandonar la iglesia, todos menos los familiares más cercanos. Nadie se atrevía a mirar los perdidos ojos de Marcos, ni tan siquiera los más íntimos tenían el valor de volver a entrar para consolarle en el día "más feliz de su vida".

Decidí ir a buscar a la clásica media docena que siempre se queda en el bar de turno. Se asombraron al verme, nadie esperaba que el cura pronunciara una homilía tan corta. Cuando oyeron lo que tenía que contarles, primero rieron nerviosos, después miraron sus vasos pensando que allí dentro debía haber algún tipo de sustancia alucinógena, y por último, sólo Toño alcanzó a decir: "Se jodió la barra libre".

La escena era dantesca, voces nerviosas, lágrimas que acompañaban a algún que otro moño medio descompuesto, corbatas desanudadas antes de tiempo y horas de maquillaje en el cubo de la basura. Por un momento agradecí haber ido solo.

De la penumbra de la entrada de la iglesia salió Marcos, fue como una aparición, si hubiese venido la novia no nos hubiéramos acojonado más. Había logrado hablar con ella, por lo menos estaba viva, le dijo que le quería (eso es lo peor que te pueden decir en un momento como aquel), pero que no estaba segura de que fuera el hombre de su vida. "Joder, pues con los años que lleváis saliendo no habrá tenido tiempo de averiguarlo", otra sentencia de Toño.

Nos pidió que pasáramos dentro. Una vez allí se subió al púlpito, hacía un rato que los familiares de Alicia se habían ido, la inquietud había impedido a sus amigas hacer lo propio; se dirigió a nosotros y nos dijo: "Perdón padre, aquí ni Dios nos va a joder la fiesta", muy propio de Marcos. No sabemos si el cura se escandalizó más por la frase o por la afirmación de que el convite se iba a celebrar.

Los padres, abuelos y tíos prefirieron regresar a casa, el ánimo no estaba para fiestas. Alguna de las amigas de Alicia también, la vergüenza ajena les impedía presumir de vestido. Del resto recuerdo poco, pero se que lo pasamos muy bien, hubo risas y alguna que otra lágrima, pero poco desconsuelo. Pasó hace muchos años y siempre quise contarlo. Muchas veces me había preguntado cómo sería una boda sin novia, cuál sería la reacción del novio, allí, plantado en el altar, siendo objeto de todas las miradas de tus familiares y amigos, y especialmente, cómo serían los días posteriores y la burla de tus enemigos.

En la primavera del año siguiente, Alicia y Marcos se casaron en una ceremonia muy íntima, ella había sentido vértigo. Como dijo Toño: "Ya podía habérselo tratado antes"

miércoles, 20 de octubre de 2010

La olvidada esencia

Hace tiempo que el teléfono no suena con la misma frecuencia que antes, ya no doy ruedas de prensa, ni pienso en cómo defender el bloqueo directo. Sin embargo, ahora pongo aros en el suelo, hablo de chicles en las suelas de las zapatillas y me desespero cuando, tras mucho repetir, no son capaces de coordinar sus pasos para entrar por la izquierda.

No veo vídeos ni viajo en avión, visito los hoteles en viajes de placer, no hablo en inglés, el fisio que ahora no existe no venda tobillos, el parqué ha dado paso al patio de un colegio, el preparador físico que está con el fisio que ya no existe no me habla de microciclos, no hay gente en las gradas y las líneas que delimitan la pista están rodeadas de padres; no hay equipaciones para entrenar, cada uno lleva su camiseta, parecen el arco iris. Eso son, luz, color, alegría, esencia pura. Así son los niños.

He vuelto a ver una sonrisa con un balón en las manos, he recordado el significado de la palabra divertirse, veo la ingenuidad y la falta de egoísmo, y me emociono. A veces me desespero, sí, porque no saben pivotar, porque pierden la concentración y están en su mundo, me desespero, por eso y por otras muchas cosas; pero merece la pena solamente por verles reír, por saber que disfrutan.

No voy a negar que echo de menos el baloncesto profesional, mucho. Pero estos chavales de apenas doce años me han recordado el principio de muchas cosas. Siempre me he hecho una pregunta, ¿por qué cuando se llega a un determinado nivel nos olvidamos de la sustancia, de todo aquello que nos hizo coger un balón y no querer soltarlo jamás?

Cuando en algunas ocasiones en los equipos que he entrenado las cosas no iban bien, o más bien, iban bastante mal; observaba las caras de mis jugadores y me estremecía al pensar que no se divertían. Llegas a ser profesional y te ganas la vida jugando. Mientras muchos están en una oficina, en una mina, en un andamio o en un camión, trabajando sin descanso para poder llegar a fin de mes, algunos de los profesionales del deporte no se divierten jugando, y eso, es lo peor que le puede pasar a un jugador.

No hablo de olvidar los valores del deporte, hablo de perder la ilusión, de no recordar lo que te llevó hasta allí, de sentir obligación y aburrimiento, hablo de no disfrutar. Eso lo he visto, a veces en mis jugadores, otras, en los de los demás, y cuando ocurre, no puedo menos que sentir una tristeza cargada de cierta nostalgia de patio de colegio.

Es verdad, ya no hay focos, ninguna crónica hablará sobre nuestros partidos, ¿y qué más da? si he vuelto a encontrar la esencia.

martes, 19 de octubre de 2010

¿Realmente podemos cambiar el mundo?



El domingo se "celebró" (¡qué paradoja!), el día internacional de la pobreza, todas las O.N.G. llamaron a la conciencia de cada uno de nosotros. Nos hicieron saber, una vez más, el  número de personas que en el siglo XXI se mueren de hambre, una cada dos segundos; nos dijeron que, al fin y al cabo, esa solamente era la consecuencia de una dignidad nunca conocida. Porque los pobres son tan pobres que, ni tan siquiera disfrutan de ese privilegio.

Siempre he tenido el convencimiento de que la vida es pura fortuna, algo que empieza en la familia y en lugar donde naces. Yo, que tuve la suerte de vivir durante dos años en Melilla, pude comprobar la certeza de mi pensamiento y observar como cambian la vida y las oportunidades a un lado u otro de la valla. A un margen el confort, el futuro y el progreso; al otro, el hambre, la angustia y la necesidad.

Recientemente he conocido la existencia de un personaje llamado John Perkins, este economista que trabajó para la CIA y fue jefe de economía de Chas T. Main Boston Inc., ha escrito un libro titulado: "Confesiones de un sicario económico".

A raíz de sus explicaciones se comprende, en gran medida, el porqué de toda la hambruna y la miseria que soportan cientos de millones de personas en este planeta.

El "modus operandi" es maquiavélico e implacable. En primer lugar indentifican un país con recursos, en muchos casos suele ser el petróleo. Más tarde, concretan un enorme préstamo para ese país a cargo del Banco Mundial o una de sus organizaciones hermanas. Pero el dinero no llega nunca al estado, va a parar a las corporaciones estadounidenses que posteriormente se dedican a crear estructuras en ese país; plantas eléctricas, parques industriales, puertos, etc.

De todos esos recursos, además de las citadas corporaciones, solamente se benefician los ricos del país. Nunca la mayoría de la población. Sin embargo, la nación entera queda soportando una enorme deuda a la que no puede hacer frente.

A partir de aquí, es cuando intervienen los sicarios económicos. La argumentación utilizada es sencilla e irrebatible. Has perdido mucho dinero y no puedes pagarlo. Así que, deberás vender tu petróleo a un precio muy barato a nuestras compañías petrolíferas. Del mismo modo, nos permitirás construir bases militares en tu territorio, enviar tropas a apoyar a las nuestras en algún lugar del mundo como Iraq o votar a nuestro favor en la próxima decisión de la ONU. Después toca privatizar la compañía eléctrica del país y su sistema de aguas y alcantarillado, vendiéndosela a ellos mismos o a otras corporaciones. La cuestión es maximizar los beneficios sin importar el coste social o medio ambiental.

Al parecer, es un modo de operar muy típico que también llevan a cabo el FMI y el Banco Mundial a escala global. La trampa es simple, provocan el endeudamiento de un país, ya sea por su propia imprudencia o corrompiendo a su líder.

Entonces, imponen "políticas de ajuste estructural" que a menudo consisten en lo siguiente: 1) Devaluación de la moneda. Cuando la moneda de un país cae, lo mismo ocurre con todo lo valorado con ella. Esto sitúa los recursos indígenas a merced de los países depredadores, siendo su valor una fracción del real. 2) Grandes recortes en los programas sociales, que habitualmente incluyen la educación y el sistema sanitario. Comprometiendo el bienestar y la integridad de la sociedad, dejándoles vulnerables ante la explotación. 3) Privatización de empresas públicas. Esto significa que sistemas socialmente básicos pueden ser adquiridos y regulados por corporaciones extranjeras que sólo buscan beneficios.

A finales de los años ´60 el Banco Mundial intervino en Ecuador con grandes préstamos. Durante los treinta años siguientes la pobreza creció del 50 al 70%. El desempleo o empleo precario creció del 15 al 70%. La deuda pública aumento de 240 a 16.000 millones de dólares. Mientras que el porcentaje de recursos asignados a los pobres disminuyó del 20 al 6%. De hecho, en el año 2000, el 50% del presupuesto total del país se destinó al pago de parte de la deuda.

Perkins asegura que incluso el ex-presidente Jaime Roldós fue asesinado por no dejarse corromper y querer destinar los beneficios de los recursos de su país a los más desfavorecidos. John Perkins fue el encargado de realizar la oferta de soborno que Roldós rechazó. Un tiempo después su avioneta se estrelló. Únicamente tuvieron acceso a la zona militares americanos y un grupo reducido de ecuatorianos.

El propio Perkins asegura que, los ciudadanos desconocemos esta forma de dominar el mundo. Antiguamente se llevaba a un país a la guerra con el propósito de colonizarlo, subyugarlo y hacerse con todos sus recursos, pero ahora, salvo contadas excepciones, el modo más silencioso e inteligente de actuar es éste. De hecho, dice que la "corporatocracia" rige los destinos del mundo y marca la política de países como Estados Unidos.


Hurgan en nuestras conciencias, nos cargan con un enorme sentido de la responsabilidad por todo lo que sucede, nos dicen que nosotros podemos cambiarlo y, a veces, nos lo creemos. Algunos lo intentamos, muchos, en mayor o en menor medida y siempre dentro de nuestras posibilidades. Pero, no dejamos de vivir permanentemente en la ignorancia.

Como dijo John Adams, segundo presidente de los Estados Unidos: "Hay dos formas de conquistar y esclavizar a una nación, una es con la espada, la otra es con la deuda"

lunes, 18 de octubre de 2010

Un año sin el más grande


Mi afición a la radio, nacida, como muchas otras y buenas costumbres, gracias a mis padres; me llevó a sentir fascinación por lo que se tejía al otro lado del transistor, que era como se llamaba por entonces. En aquella casa se desayunaba, comía o cenaba con la radio sonando de fondo. Era una compañía agradable, una presencia enigmática y cautivadora.

Siempre hubo algo que me intrigo y sólo yo participaba de un juego que me divertía. Imaginaba las caras de las personas que hablaban, ponía expresión a su rostro, ideaba su manera de vestir o su peinado. Eran como yo quería que fueran. Además, en aquella época resultaba complicado conocer los rostros de los locutores o tertulianos del programa de turno. Internet ni tan siquiera era un proyecto, y la radio, siendo un medio fundamental y básico por entonces, ha adquirido un mayor protagonismo y relevancia con el paso de los años.

Recuerdo con especial cariño una anécdota asociada a este particular juego. Corría el año 1991, era primavera, y con dieciocho años me disponía a ver mi primer partido de ACB fuera de León. En aquella época el baloncesto también era retransmitido por la radio, y mi amigo Juan y yo estábamos enganchados a la particular forma de narrar de dos locutores, Andrés Montes y Siro López. Eran los tiempos en los que, la desaparecida Antena 3 radio nos llevaba el baloncesto a casa.

Disfrutábamos, especialmente, con la forma de narrar que tenía Montes. Sus graciosas expresiones y sus constantes apodos, Romay "La grúa municipal", Josechu Biriukov Aguirrergabiria "Teléfono rojo desde Moscú", Nacho Azofra "El chico más listo de la clase" o Alberto "Caviar" Herreros. Era un aluvión de adrenalina lo que recibías sentado en el sofá de casa. Aquel fue el primer año del Elosúa León en ACB, al que llamó, "La fiebre amarilla".

Antes del esperado viaje a Madrid, Juan se acercó y me dijo: "¿Sabes una cosa?" "¿Qué?" "Andrés Montes es negro y lleva pajarita" " ¡No jodas!". Está de más decir que no fue una reacción xenófoba, simplemente veía mi juego destrozado y mi imaginación rota en mil pedazos y esparcida por el suelo. Nunca me lo imaginé de aquel modo, lo mismo me ocurrió con el resto de las caras que figuré para todas aquellas voces.

El partido nos importaba, como no. Era un Real Madrid-Elosúa León, la primera vez que el equipo de nuestra ciudad jugaba un partido de ACB en casa del equipo blanco, además, el escenario para dos chavales venidos de provincias no podía resultar más impresionante. Un campo de baloncesto con un velódromo dentro, así era el desaparecido Palacio de la Comunidad. Pero si había algo que hacía aquel viaje especial, era ver a Andrés Montes.

Nos acercamos hasta la cabina de Antena 3 radio, y dentro vimos a un tipo calvo, negro, que lucía una pajarita muy llamativa y vivía el partido con una emoción que nos estremeció.

Esa fue la única vez que lo vi en persona, jamás olvidaré aquella imagen. A partir de aquel momento oírle supuso una experiencia diferente, podía poner cara a una voz. Sabía como era la persona que me inyectaba baloncesto a raudales cada fin de semana. Conocía al tipo que hacía que una narración fuera algo irrepetible. Mucho después de aquello descubrí que, Andrés Montes fue una de las causas por las que conseguí ser entrenador de baloncesto.

Después desapareció, más tarde, en una jugada maestra del Plus, volvió con dos de los que más saben de ésto (Daimiel y Segurola), para evitar que nos durmiéramos bien entrada la madrugada con los partidos de la NBA. Sus frases empezaron a ser repetidas por todos los amantes del baloncesto. No ha habido pachanga alguna en este país en la que no se haya llamado a alguien "jugón" o en la que no se haya dicho: "Wilma, ábreme la puerta", cuando uno de nosotros hacia un tiro horrible. Su peculiar estilo no dejaba indiferente a nadie.

Con su paso al fútbol y su famoso "Tiki-taka" entró en las casas de todos los españoles. Rompió todos los patrones de conducta establecidos hasta entonces, las narraciones clásicas y encorsertadas dejaron paso a expresiones como: "Fútbol con fatatas" o "¿Dónde están las llaves Salinas?".

Cuando el 16 de octubre de 2009 me enteré de su muerte, sentí, como muchos otros, que algo de mi se iba con la figura de Andrés Montes. Supe con absoluta certeza que ver un partido de baloncesto por la televisión nunca seria lo mismo sin él. Pero, si de algo estoy especialmente seguro, es de que, como el decía: ¡La vida puede ser maravillosa!


viernes, 15 de octubre de 2010

Si Séneca o Sócrates levantaran la cabeza


Ayer noche cuando volvía a casa eran poco más de las doce. Regresaba de las tradicionales cañas, ahora, de los jueves. Salí del garaje, y al llegar a los ascensores me encontré a un desconocido con traje y corbata. Obviamente me llamó mucho la atención. Le dí las buenas noches, mientras, extrañado y un poco confundido por semejante aparición pulsaba el botón del ascensor.

Se acercó a mi y con mucha educación me dijo: "Disculpe señor, si quiere subir en este ascensor tendrá que pagar". La carcajada provocó que se despertara el del quinto. "No es ningún chiste, mi nombre es Otis, soy el autor intelectual de estos ascensores y si usted quiere subir en ellos me tendrá que pagar". "Venga Otis, o como te llames, no me vaciles". "No es ningún vacile, si no está dispuesto a abonar la cantidad correspondiente me veré obligado a interponer una demanda en el juzgado". Tan serio se puso Otis que me creí a pie juntillas lo que me decía.

La puerta del ascensor se cerró ante mi, retrocedí, di media vuelta y me encaminé hacia las escaleras. Tras dar tres pasos volví a oír la aterciopelada voz de Otis, "En las escaleras está Mariano, el autor intelectual de las mismas. Eso sí, como subir hasta su casa por este medio requiere un poco de esfuerzo, el canon resulta más barato". "Pues no pago". "Pues no sube". A ver como le explico a Pilar que dormí en el coche porque Otis y Mariano no me dejaban subir a casa si no pagaba el puto canon. Mientras cabizbajo me dirigía al garaje pensé: "Espero que, al menos Citroën, esté en otra casa".

Este relato, tan esperpéntico y surrealista, no dista mucho de la realidad que actualmente vive este país. No tardará en llegar el día en el que haya que pagar por todo mientras nos podamos acoger a la tan sobada propiedad intelectual.

Hace tiempo que quedó demostrada la falta de escrúpulos que tiene la SGAE, hace tiempo que su afán recaudatorio quedó fuera de toda duda y hace mucho más que, todos sabemos que el único interés que tienen no es otro que enriquecerse.

Cuando hace unos meses, diferentes medios de comunicación se hacían eco de la pensión que se ha garantizado el presidente de dicha sociedad, tomé la decisión de abrir este blog esperando tener un momento de inspiración y un golpe de fortuna, nunca mejor dicho. A tenor de las cifras que se manejan y de mi irrefrenable codicia, no voy a cejar en el empeño.

Lo que sí es cierto es que, hay que tener una gran capacidad intelectual para discurrir en qué lugares puedes aplicar el canon. No se libra nadie, bares, cafeterías, panaderías, tiendas, supermercados, bodas, colegios o institutos. Todo aquel que quiera disfrutar y divulgar cultura debe pasar por caja. Incluso el 5% de la recaudación de los conciertos benéficos deben ir destinados a las arcas de esta sociedad sin ánimo de lucro.

Iba a seguir escribiendo y, además, el tono del post prometía adquirir niveles jamás conocidos en este blog; pero me veo en la obligación de dejaros. Me acaba de llamar Teddy y me ha dicho que cuatro de las entradas que he escrito han sido elegidas para ser interpretadas en "El Club de la comedia". Me voy a buscar los réditos de mi intelecto.

jueves, 14 de octubre de 2010

Chile al fin respira



Treinta y tres vidas, la esperanza de cientos de personas y el orgullo de un país. Nunca un nombre fue el presagio de un hito semejante, campamento Esperanza. Una vez más, el ser humano demostró la capacidad que tiene para superar la más difícil de las adversidades. Una vez más, quedó demostrado que, la realidad supera a la ficción.

Cientos de millones de personas pendientes de treinta y tres mineros, de sus gestos, de sus actos y de sus palabras. Convertidos, sin quererlo, en estrellas mundiales, en símbolos, en héroes. Una nación unida, un país feliz, y la confirmación de que es necesaria una tragedia o un acontecimiento sin igual para unir a un pueblo. Así somos los seres humanos.

Más allá de escribir sobre quién fue el primero en salir, si Sepúlveda mostró sus dotes de showman, si Luis Urzúa batirá un récord al ser el hombre que más tiempo ha sobrevivido bajo tierra, o los programas de televisión, el futuro que les espera y los viajes y mejoras prometidas; se sitúan los 69 días que vivieron sepultados en vida.

Trato de imaginar que se les pasó por la cabeza a cada uno de ellos cuando la tierra se les vino encima, lo intento y no puedo. No creo que ni tan siquiera ellos sean capaces de explicarlo. Necesitaban algo mas que un milagro para salir vivos. Pensar en aquellos primeros días en los que nadie dio señales de vida, en los que la angustia se apodera del optimismo, creyendo estar muertos mientras se miraban a los ojos, pensado en ser olvidados allí abajo y suplicando para que alguien fuera lo suficientemente insensato como para pensar que una sola alma podía respirar a setecientos metros bajo tierra.

Luego, cuando pasadas un par de semanas supieron que allí arriba les esperaban, la euforia se desató, la alegría corrió a raudales y los abrazos y las lágrimas de felicidad dieron paso a la zozobra y la incertidumbre. Arriba, respirando aire fresco pensando en la utopía de un rescate, abajo, sucios y sudorosos soñando con esa quimera.

"Estamos bien. En el refugio. Los 33". Aquella nota se convirtió en la promesa de un acontecimiento sin parangón, en la creencia de que un hecho ni tan siquiera soñado se podía convertir en una realidad. La esperanza tuvo que brotar a borbotones en esas primeras horas, ¿y luego qué?.

Treinta y tres personalidades, con sus inquietudes, sus miedos, sus sueños, sus angustias o sus necesidades conviviendo a setecientos metros bajo tierra, con treinta y cinco grados de temperatura y una humedad insoportable. Para que luego digan que la convivencia es difícil, que se lo pregunten a ellos.

Tuvieron que ser días muy duros, horas angustiosas y segundos interminables. Habría momentos en los cuales no sería necesario cerrar los ojos para ver la oscuridad más profunda. Más allá de la resistencia física, a pesar del delicado estado de salud de un par de ellos, me asombra la capacidad psicológica, esa fortaleza mental que te lleva a superar una situación límite, la aptitud que tiene el cerebro para encadenar pensamientos que te aferren a la vida, para no volverte loco.

Probablemente en la fortaleza del grupo residió el existo, en el líder que agrupa a la manada, ese que no permite que se resquebraje, el que les mantiene unidos. En el humorista, aquel que les llamaba momias y les decía que iban a salir en un sarcófago, ese que no paró de contar chistes para que el ánimo se mantuviera en niveles positivos. O en el reflexivo, que escribió un diario para tratar de plasmar el día a día de semejante hazaña.

Todos pusieron sus cualidades al servicio del grupo, ocultaron sus miedos y, si aparecieron, otros tuvieron la virtud de disiparlos. La condición humana, esa que a veces dejamos olvidada pero que, cuando aparece, nos hace sentir orgullosos.

No existen calificativos para catalogar tamaño acontecimiento, ni palabras para expresar tanta felicidad. Ahora, aunque resulte paradójico pensarlo, se enfrentan a un mundo aún más desconocido para ellos que las entrañas de la tierra. Los flashes les esperan, las portadas de los periódicos del mundo entero ya son suyas, la promesa de una vida mejor, los homenajes y reconocimientos. ¿Y después qué? ¿Cómo serán capaces de encajar todo lo que les aguarda ahí afuera? ¿Cuánto tiempo tardarán en caer en el olvido? ¿Cuánto más en romperse esas promesas?. Ojalá, ese esfuerzo, esa hazaña, no haya sido en vano. Ojalá la esperanza no habite sólo bajo tierra.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Una figura imprescindible

Hay personas por las que sientes afecto sin conocerlas, aquellas que parecen de la familia, más bien te gustaría que lo fueran. Tipos entrañables, a los que el cine, la televisión o el teatro abrió las puertas de nuestras casas para no dejarlos marchar, para conservarlos eternamente en nuestra memoria.

Ese ha sido el caso de Manuel Alexandre, esa figura de abuelo con el que hubieras deseado charlar hasta entrada la madrugada, o reírte con su particular sentido del humor mientras te contaba sus muchas vivencias. Ese mal llamado secundario que robaba escenas a los grandes protagonistas y se convirtió en estrella sin casi quererlo. Pequeños papeles en películas emblemáticas de la cinematografía española como, "Bienvenido Mr. Marshall" o "Muerte de un ciclista" que, fueron dando paso a infinidad de títulos en los que su presencia se convirtió en imprescindible.

La guerra le alejó de los estudios y Fernando Fernán Gómez lo ganó para la interpretación. Contaba el propio Alexandre que, cuando oyó recitar al mítico actor en la escuela de declamación de Carmen Seco, se quedó fascinado. A partir de ese momento surgió una profunda amistad que duró hasta el final de la vida de Fernán Gómez.

Muchos reconocimientos y más de 300 películas lisonjan su carrera. Aunque, hay algo por lo que será especialmente recordado, su voz. Esa voz temblorosa que le hizo diferente, esa voz que no era la suya, esa voz que provocó en una de sus primeras películas cómicas, cuando el miedo por no hacer reír al público le llevó a inventarse un nuevo registro, esa voz que le pedían todos los directores, esa voz que le hizo único.

Como a otros muchos, el reconocimiento le llegó al final de su vida. Fue especialmente emotivo el día en el que recogió el Goya de Honor. Emocionado, habló con la sencillez propia de los genios, la del hombre que no se da importancia, la del profesional que disfruta con su trabajo y se siente agradecido por desempeñarlo. Ese reconocimiento no sólo le llegó en forma de premios, como el de la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, si no con papeles protagonistas como los que interpretó en "El ángel de la guarda", "Primer y último amor" o "Elsa y Fred", interpretación por la que optó al Goya al mejor actor principal.

Fueron muchos los directores con los que trabajó: Fernán Gómez, Berlanga, José Luis Cuerda, Juan Antonio Bardem, Mario Camus, Miguel Picazo o Antonio Giménez-Rico.

Hoy, cuando me siente a la mesa a la hora de comer, tendré la sensación de que falta alguien de la familia. Descanse en paz.

martes, 12 de octubre de 2010

La cruda realidad

Me senté mientras ella cerraba una página de reservas de habitaciones de hotel por internet. Me miraba de frente, pero sus ojos emitían un cierto aire de superioridad. Era, en cierto modo, como si dijera : "Yo estoy al otro lado de la mesa". Como si eso significara que era mejor persona, que estaba preparada para mayores retos y su capacidad se hallaba muy por encima de la mía. No era una sensación, no fue una percepción o algo subjetivo. Fue así. Solamente necesitó decir un par de frases para demostrar que yo estaba en lo cierto.

Hacía mucho tiempo que había estado allí, afortunadamente sólo una vez. Eran otros tiempos y otras circunstancias. Aquella primera vez me sentía avergonzado y agachaba la cabeza por el miedo a encontrar una mirada conocida. El lunes fue diferente, fui porque era lo que tocaba. Las muescas de la vida y una seguridad no conocida por entonces me situaban en una posición diferente. Aún así, no me gustó lo que vi.

Llegué pronto, apenas eran las nueve y cuarto y la gente se agolpaba frente a la máquina expendedora de números. Mientras, unos cuantos ya esperaban su turno. Eramos muchos y de todas las clases pero, al fin y al cabo, con una misma necesidad.

Las instrucciones estaban claras y seguí los pasos que me correspondían. Primero tienes que solicitar la tarjeta de demanda de empleo. Te explican que cada tres meses debes ir a sellarla, que puedes hacerlo el mismo día o dentro de los tres días anteriores, incluso, puedes hacerlo por internet. Si no lo haces en tiempo y forma te quitan un mes de la prestación. Algo así me dijo. Hablaba muy rápido, imagino que tenga que ser aburrido estar cada dos minutos soltando la misma retahíla.

Desde allí a orientación laboral, como si a mi edad no estuviera lo suficientemente orientado. Se apresuró a cerrar la página, no sé si porque no quería que viera el destino que había elegido o por si consideraba poco apropiado estar a esas horas de la mañana y en horario laboral (qué suerte ella que trabaja) planificando sus vacaciones o una escapada. Vete tú a saber, lo cerró tan rápido que no me dio tiempo a ver las fechas.

Siempre he pensado que la orientación laboral del INEM es un departamento con poca capacidad práctica y resolutiva. No dudo que haya habido gente a la que sus servicios le resultaran útiles, con los que somos en la casa grande sólo faltaría, pero a juzgar por mi escasa experiencia y la de alguno de mis amigos y conocidos sólo puedo reafirmarme en esa idea.

Me sometió a un tercer grado y se produjeron dos escenas especialmente graciosas, aunque una de ellas un tanto surrealista y un poco triste. En la base de datos de ese departamento, únicamente figuraba en mi historial una experiencia profesional de hace algo más de dieciséis años. Con aire de indiferencia me dijo que debía llevar la vida laboral si quería que todas las experiencias posteriores figuraran en mi expediente. Increíble. Resulta que no existe conexión entre el Ministerio de Trabajo y el de la Seguridad Social. Bueno, eso es un problema relativo, lo peor era pensar que, cuando veinte metros más allá fuera a solicitar la prestación por desempelo ocurriera lo mismo.

"¿De que quieres trabajar?" Un poco cansado de aquellas ínfulas contesté que de entrenador del Real Madrid. "¿Me vais a conseguir un trabajo como entrenador de baloncesto?" "Nunca se sabe". Walls estás despedido, no has sido capaz de encontrarme un misero equipo en todo el verano y ahora llega esta tía y me hace albergar esperanzas de que Querejeta me llamará cuando rompa su idilio con Ivanovic. ¡Hay que joderse!

Salí de allí sabiendo que cumplía con un acto protocolario y con el convencimiento de que aquella mujer reservará muchas noches de hotel antes de que le lleve mi vida laboral. El pequeño cabreo se esfumó al ver la cantidad de gente que esperaba en la cola de prestaciones. Más que una cola aquello era un hacinamiento. Nuestras miserias amontonadas unas encima de las otras.

Había para todos los gustos, aunque me llamaron especialmente la atención dos hombres que rondaban los sesenta y decían estar allí por primera vez. A juzgar por su aspecto de perdidos y desconcertados, les creí. Más tarde los volví a encontrar por la calle, arrastraban sus pies como si no hubiera destino para sus pasos. Sentí tristeza al verles, los observé indefensos, llenos de una inseguridad que solamente debiera tenerse durante la juventud. Nunca en la parte final de tu vida, cuando el trabajo y el esfuerzo diario te deben proporcionar un merecido descanso.

Mañana llevaré el certificado que me falta. El hombre que estaba detrás de la mesa demostró mucha más sensibilidad y comprensión que mi nuevo agente. También demostró una mayor efectividad, y en su ordenador apareció desglosada toda la vida laboral que había perdido veinte metros antes.

Afortunadamente, siempre que se cierra una puerta se abre una ventana. Las circunstancias nos llevan a unos a ver un mundo lleno de posibilidades y a otros, el final de la esperanza.


lunes, 11 de octubre de 2010

Con lo fácil que era antes

Salgo de casa, de noche y a hurtadillas, aprovecho este inicio de otoño para vestir una sudadera con capucha y así, poder cubrir mi cabeza para pasar lo más desapercibido posible. Ignoro si al resto de mis vecinos les ocurre lo mismo, al menos, es lo que me pasa a mi. Una o dos veces por semana me siento como si tuviera el síndrome de Diógenes.

Suelo llevar tres bolsas, una con basura, la de toda la vida, bueno no; la de toda la vida llevaba de todo, botes, latas, cartón, etc. Ahora, si eres un ciudadano ejemplar, solamente restos orgánicos. Otra con envases y la otra con papel y cartón. Si las circunstancias y necesidades semanales te han obligado a usar vidrio, ya tienes la cuarta.

Yo, que al menos en ésto intento serlo, tengo un cierto complejo cuando voy a tirar la basura y acarreo con tantas bolsas. Hay algo que siempre me viene a la mente, como me encuentre con algún vecino pensará: "Estos tíos son unos guarros. Va con tres o cuatro bolsas y solo viven dos en casa. Este hace un mes que no sale a tirar la basura". Y eso que no sabe que comemos todos los días en casa de mis padres.

Siento un cierto alivio cuando me deshago de la bolsa de basura tradicional, es el primer contenedor que me encuentro, libero un poco de equipaje y continuo en busca de los contenedores de reciclaje. A partir de este momento el complejo "diogesano" disminuye y al aproximarme a mi destino empiezo a sacar pecho mientras me regocijo en la idea de ser un ciudadano modelo, incluso, en el momento de tirar los papeles, envases, cartones y vidrios, me recreo esperando que alguien me vea y piense: "Mira que tipo más ecológico".

Ésta es la última parte del proceso, anteriormente está la selección del material correspondiente y la inquietud propia que te obliga a averiguar que es una cosa u otra. En algunos casos unos clases avanzadas no estarían de más. Lo obvio es obvio. El vidrio es vidrio y el papel es papel. Ahora bien, cuando te introduces por primera vez en este inmenso mundo del reciclaje te asaltan una serie de dudas.

Cuando terminas un cartón de leche, el primer pensamiento que te viene a la cabeza es considerar que aquello es cartón. Error, es envase. Después está la tapa del vidrio de la zanahoria rallada, ¿eso qué coño es?. En vidrios no, ¿en envases?. Joder, si aquí no cabe nada. Y al final una voz que sale de tu interior te dice: "No te líes, a la basura de toda la vida, que con lo que reciclas ya tienes que tener la conciencia tranquila". Lo mismo ocurre con el corcho de una botella de vino, el casco al contenedor de vidrio, ¿y el puto corcho, a dónde? ¿Al de papel y cartón para que hagan un par de folios DIN A-4? Seguro que sí, pues pa´lla va. ¿Y la malla que envuelve las naranjas? Venga chaval, no te pases, que tampoco te pagan por ésto.

Y así me paso la semana, discurriendo qué va en cada cubo, pensando que la llegada del invierno me proporciona más posibilidades de pasar desapercibido y sintiéndome, al menos en ese aspecto, un ciudadano ecológico. Aunque no sepa dónde debo tirar la malla de las naranjas.

viernes, 8 de octubre de 2010

El eterno debate


Lleva una larga temporada mi amigo Fabio afirmando que, el Barcelona es un equipo de NBA. A tenor de las declaraciones ofrecidas ayer en la rueda de prensa posterior al partido en el que los Lakers perdieron contra el equipo azulgrana, el Maestro Zen demostró no estar de acuerdo.

"No tiene nivel para jugar en la NBA. Jugaron muy bien esta noche pero no creo que estén al nivel de nuestra competición, con tantos partidos, jugando día sí y día no. No tienen capacidad física ni el tamaño de nuestros jugadores. No quiero menospreciar, han jugado bien, pero no están al nivel". Pues menos mal.

Que un equipo europeo gane a uno NBA dejó de ser noticia hace tiempo. Sí lo es que pierda el vigente campeón de la mejor liga del mundo contra el campeón europeo. Sólo había un precedente, en aquella ocasión se enfrentaron los Bulls contra el Olympiacos, y los de Chicago sacaron de la pista a los griegos con 55 puntos de Su Majestad.

El debate se abrió hace tiempo, la pregunta está en la calle y en lo círculos más sesudos del baloncesto mundial. ¿Está tan cerca el baloncesto europeo de la NBA como parece? A juzgar por lo visto en el último campeonato del mundo, no. Después de lo demostrado ayer por el Barcelona podría ser.

En cuanto al mundial, muchas selecciones se ampararon en la ausencia de sus estrellas NBA. Manifestaron que su rendimiento hubiera sido otro de haber jugado con sus mejores hombres. Pero, si alguien tuvo ausencias especialmente relevantes, ese fue el combinado estadounidense. A pesar de ello, y a excepción del partido contra Brasil, en el que sufrieron y mucho, arrasaron a todos sus rivales y demostraron ser, con diferencia, la mejor selección. Alguno vendrá con el rollo del juego colectivo, del argumento físico como única cualidad, la poca interpretación del baloncesto, etc. Sin todo eso que dicen, ganaron el campeonato como hacía tiempo que no lo conseguían.

Sobre el partido de ayer, a parte de toda la parafernalia que se monta alrededor de un show de semejantes características y la confirmación definitiva de que los americanos son los mejores vendiendo un producto. Muchos aspectos reseñables más allá del resultado. La confirmación de que Gasol está entre los tres mejores pívots del mundo, si no es el número uno. Y la certificación de que Navarro tiene clase y descaro para aburrir. ¡Cómo le van estos envites!. Por encima de ellos, un Mickael espectacular. Con una capacidad técnica y física fuera de toda duda, pero, especialmente, con una fortaleza psicológica fuera de lo común.

Al final de partido, y después de ver el resultado, a pesar de la parcial actuación arbitral, el debate quedó abierto. Puestos a opinar aquí va mi reflexión. Resulta evidente que, los Lakers llevan siete días de pretemporada, Bryant está en proceso de recuperación tras la operación a la que fue sometido este verano y se encuentra lejos de su mejor nivel y, aunque al final no les guste perder, su grado de motivación distaba mucho del que tenían los azulgrana.

Dicho ésto, para nada estoy de acuerdo con las afirmaciones de Phill Jackson, y que Dios me perdone. Pero de los 30 equipos que hay en la NBA, una docena de ellos están por debajo del nivel del Barcelona. La calidad media de la liga ha bajado mucho en los últimos tiempos, y a pesar del interés por mantener una competición con tantos equipos la cosa no da para más. Hay franquicias que son auténticas comparsas. Claro está que, los de Xavi Pascual andarían lejos de los Lakers, Celtics, Heat, etc. Habría que ver cómo se adaptarían a un ritmo de competición tan vertiginoso, cómo influirían esos aspectos tácticos a cambiar por parte del técnico catalán o si serían capaces de competir físicamente cada dos días, al mismo nivel que mostraron ayer.

A favor del Barça, un nivel defensivo que pocas veces se ve a lo largo de la temporada regular y unos conceptos ofensivos reforzados por la ausencia de egoísmos. Desgraciadamente, al menos durante los próximos años, ese debate seguirá abierto y no habrá respuestas para tantas preguntas. De este modo, todos saldrán ganando.


jueves, 7 de octubre de 2010

Las trascendecia de las decisiones

La vida, al final, se termina convirtiendo en las consecuencias de las decisiones que tomamos. Mis padres siempre me han enseñado que es una disyuntiva, constantemente estamos eligiendo. Elegimos a diario, la mayoría de las veces sin darnos cuenta, elegimos en el supermercado, en el cine, en los restaurantes, en los bares, en un concesionario de coches... Esas son las menos trascendentes, las que no cambiarán el rumbo de los acontecimientos pero, las que sin ninguna duda, forman parte de nuestro modo de ser y de entender lo que nos rodea.

Después, o antes, no lo sé, están las trascendentales, las que te marcan, las que algunas veces te llevan a pensar, ¿y si hubiera escogido el otro camino? Esa, normalmente, es una pregunta que nos formulamos cuando fracasamos, cuando la decisión tomada no ha salido como preveíamos. Dentro de esa categoría se incluyen unas cuantas, tales como, elegir un trabajo (aunque, en estos tiempos que corren eso es mucho decir), elegir la ciudad dónde vas a vivir, elegir a la persona con la que quieres compartir tu vida (en ésta debes tener la suerte de la reciprocidad, con lo cual la cosa se complica aún más), elegir si quieres tener hijos, el piso dónde vas a vivir,  etc.

En muchos casos no es tanto la suerte de la elección como las circunstancias y personas que rodean a la misma, porque, si nos paramos a pensar en ello, somos en buena medida lo que determinan nuestras decisiones, pero tanto o más lo que influyen otras personas u otras coincidencias en el transcurso del tiempo.

Siempre he pensado que debemos de arrepentirnos por lo que hacemos, nunca por lo que hemos dejado de hacer. Es mejor decir me he equivocado, aunque no sea fácil asumirlo, que algo así como, ¿qué hubiera pasado si lo hubiese hecho? Esa, desde mi punto de vista, es una sensación más frustrante que la del fracaso.

Llegado a este punto, todos los que habéis conseguido leer hasta aquí, os estaréis preguntando qué  ha desayunado Félix para levantarse esta mañana con este rollo filosófico de medio pelo, he aquí la explicación. 

Hace algo más de once meses que tomé la decisión de abandonar mi trabajo, mi pasión y mi modo de vida. Fue muy difícil, la más difícil de cuantas haya tomado y, he tenido la suerte de poder elegir muchas veces. Era volver a casa en un momento de necesidad, por una de aquellas causas de fuerza mayor o seguir persiguiendo mi sueño, aquello que siempre quise hacer desde que tuve uso de razón. Y aprovecho la ocasión para decir a todos aquellos que pusieron en cuestión tal decisión (afortunadamente los menos, muy pocos) que, no me conocéis.

Volví a León sabiendo que hacía lo correcto, regresé para estar donde me correspondía, porque la vida te enseña que llegado el momento tus decisiones no son sólo tuyas y que, por supuesto, afectan a otras personas.

De mi regreso a León surgió un proyecto ilusionante, la idea resultaba atractiva y la persona que me lo proponía una garantía. Fueron unos primeros meses de muchos viajes, reuniones, dudas y esperanzas. Había un gran anhelo porque todo saliera bien, la cosa prometía y las perspectivas iniciales eran buenas.

El paso del tiempo nos fue diciendo que no habíamos tomado las decisiones correctas, que en muchos casos no elegimos como debíamos. Buscamos ayuda y además de la buena. Nos aconsejaron y nos propusieron. No lo sabíamos pero ya era tarde, después, aunque antes de saberlo, lo intentamos todo. Conocíamos los errores, el proyecto seguía siendo igual de válido y teníamos un importante camino recorrido. Estuvimos a punto, rozamos con la punta de los dedos la posibilidad de reflotarlo. Hoy, seis meses y medio después del inicio de aquella andadura, se acabó lo que se daba.

Son muchas las personas a las que debo estar agradecido, las primeras a todas las que componen el Jovent, por la comprensión que mostraron en ese momento tan complicado. No fue fácil para ninguno, pero al final quedó demostrado que nadie es imprescindible. A todos los socios, que confiaron en mi como cabeza visible del proyecto (a juzgar por el tamaño de la misma apostaban sobre seguro), pero especialmente a Tas, por ser como es. A todos los amigos y conocidos que divulgaron la existencia de nuestro negocio y contribuyeron al mismo. A Eva, que nos abrió una puerta a la esperanza. A Marina y a Ángel, por su compromiso diario. Y, por supuesto, a mi familia, por ser incondicionales.

Hoy, uno tiene sentimientos encontrados, la sensación de tener la conciencia tranquila por haber hecho todo cuanto estaba a su alcance, y un ligero sabor a fracaso al que, por muchos años que pasen, nunca terminaré de acostumbrarme. Sólo estoy seguro de una cosa, cuando a finales de noviembre tome la decisión más complicada de cuantas he tomado, supe que era la correcta.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Alucino



Vamos a ponernos en situación. Buscas un lugar tranquilo, alejado de ruidos, atenúas las luces de la habitación donde te encuentras, agarras tus auriculares de audio estereofónicos, te compras una dosis de i-doser y después de una sesión aproximada de 40 minutos te pones a flipar.

El que flipo soy yo. Esas son las nuevas tendencias, lo que se lleva ahora, una nueva droga auditivo-virtual. Se trata de un programa computador que simula en el cerebro los efectos de las drogas ilegales. Archivos sonoros en ondas binaurales que producen las mismas sensaciones que el alcohol, la marihuana, la cocaína, el éxtasis o incluso la heroína.

Dicen que, inicialmente, el sonido emitido tiende a resultar molesto hasta que se obtiene el resultado esperado. Las dosis duran entre los 5 y los 45 minutos. Y las denominadas ondas binaurales inducen al cerebro a sentir tranquilidad, euforia, sedación o alucinaciones. Eso depende del tipo y cantidad de dosis que se adquiera.

Las ondas binaurales son posibles cuando cada oído recibe una onda de sonido diferente. Por eso es imprescindible el uso de unos auriculares estereofónicos. Pero para el fonetista Profesor Henning Reetz de la Universidad de Francfort es cuestionable que, al escuchar estos tonos se generen efectos alucinógenos. En el mismo sentido se expresan otros científicos, asegurando que, en los pocos estudios que se han realizado con este tipo de ondas, los efectos producidos por las mismas están lejos de los de las drogas habituales.

Cuando visitas la página de i-doser, asegura haber recibido más de un millón de descargas, incluso puedes ver los testimonios de gente que dice haber probado alguna de las 148 variedades que ofrecen, manifestando que los resultados son alucinantes. Incluso circulan vídeos por youtube en los que se ven a jóvenes experimentado con esta nueva droga.

Donde sí causa efecto es en los bolsillos de quien lo compra. El precio de las dosis oscilan entre los 3 dolares y los 199.

Ahora, por quitarle un poco de hierro al asunto y dar el tono humorístico que requiere semejante invento, diré que, hay dos circunstancias que se derivan, primera, estamos cerca del fin de los camellos, y dos, muchos padres, ante la tranquilidad de ver a sus hijos en sus habitaciones con el ordenador, creyendo que estudian, nunca pensarán que se han fumado un porro de marihuana, bebido un litro de vodka o metido una raya de coca. Especialmente ventajoso resulta el primer caso, libre de los olores que desprende la maría.

Bromas al margen, hay varias preguntas que asaltan mi pensamiento. ¿Qué se la pasará por la cabeza al personal para investigar e inventar semejante software? ¿Realmente existe tanta demanda de sustancias virtuales para evadirse de la realidad que nos rodea? ¿Supone un coñazo tal nuestras vidas o tenemos tantos problemas que necesitamos recurrir a experimentos de este tipo? Si fuera cierto y sus efectos fueran los de las drogas ilegales ¿Produciría los mismos daños o por el contrario solamente se manifestarían los mismos síntomas y en ningún caso el consumidor se vería sometido al desgaste físico de su consumo? Del mismo modo, si fuera cierto ¿El consumo del i-doser vendría acompañado de las reacciones que se manifiestan por este tipo de drogas? ¿Acabaría con el crimen organizado y las mafias que se generan alrededor de las drogas habituales?

Sean cuales fueren las respuestas a tantas preguntas, uno no puede dejar de sentir sorpresa ante el discurrimiento del personal y ante la necesidad del ser humano de utilizar cualquier "aditivo" que le abstraiga del tedio, la rutina y los problemas diarios. 

lunes, 4 de octubre de 2010

Al menos, el beneficio de la duda


Han sido muchos las casos, demasiadas las veces, muchas más de las que nos gustaría. Un sobresalto, un mazazo, otro más. A pesar de los precedentes en la historia de este magnífico deporte siempre resulta sorprendente, inesperado, traumático y doloroso.

La noticia del supuesto positivo por clembuterol por parte de Alberto Contador ha dejado conmocionado al mundo del ciclismo en particular y al deporte español en general. Sin conocerle, observando su aspecto de niño bueno, viendo como las lágrimas se amontonan en sus ojos y la garganta soporta un nudo que a punto está de estrangularle, uno solamente puede pensar que es inocente. Dentro de esta cuestión de fe hay un aspecto que juega en contra del ciclista de Pinto, otros muchos dieron ruedas de prensa, salieron rodeados de los suyos, lloraron, clamaron por su inocencia y, finalmente, las pruebas se volvieron en su contra. Sólo espero que, en este caso, por ser quien es, y por lo mucho que significa, la excepción confirme la regla.

El ciclismo ha perdido gran parte del atractivo que tuvo en otras épocas y si en buena medida ha recobrado parte del resplandor que antaño tuvo, ha sido gracias a Contador. Desgraciadamente, se ha convertido en un deporte bajo sospecha, los constantes casos de dopaje han hecho que los ciclistas sean tratados como camellos, asaltados a cualquier hora de la madrugada, la policía o los "vampiros" los tiran de sus camas mientras revuelven su habitación y les extraen sangre. Evidentemente se debe perseguir y castigar al tramposo, pero a todos, no sólo a los muchos que, a juzgar por la evidencias, existen en este deporte. De todos modos, quién no ha pronunciado aquella famosa frase: "Querrán que hagan 250 kilómetros y suban 5 puertos con una taza de Cola-Cao, un buen chuletón y unas cuantas barritas energéticas".

Los resultados del análisis de orina realizado a Contador revelan que existe una tasa de 0,05 nanogramos de clembuterol. Según el corredor, producto de la ingestión de una carne en mal estado comprada en una carnicería de Irún.

Las teorías y opiniones se amontonan en uno u otro sentido. A favor del ciclista su permanente rechazo público al consumo de todo tipo de sustancias dopantes, así como, los testimonios de muchos de sus compañeros de profesión o personajes relevantes de la vida deportiva española como Lissavetzky o Alejandro Blanco.

Han sido muchos los científicos que han manifestado que, una cantidad tan insignificante no sirve para potenciar el rendimiento. El prestigioso científico estadounidense Dan Catlin, descubridor del método para identificar la CERA (EPO de última generación) ha manifestado lo siguiente: "La cantidad, tan pequeña, sugiere un suplemento contaminado o una carne".
En contra, en primer lugar, Pat McQuaid, presidente de la UCI. A McQuaid le chirría todo lo que suene a español, asegura que el 50 % de los casos de dopaje provienen de nuestro país y que, además, existe una cierta connivencia por parte de las autoridades españolas. Todavía se oyen las voces con Jaime Lissavetzky durante el Congreso Antidopaje celebrado en Madrid en 2007.
También las opiniones de algunos especialistas, como el Doctor José González que asegura que, para producirse una contaminación de ese tipo la ingestión de carne debe ser muy abundante.

Del mismo modo, tanto las autoridades sanitarias, como ASAJA, han puesto el grito en el cielo exigiendo una investigación inmediata para determinar la procedencia de la carne en cuestión, ya que, niegan que pueda ser española, puesto que, el clembuterol es una sustancia prohibida en España y no así en países como Argentina, Estados Unidos y Brasil. Del mismo modo, aseguran que no han existido casos de carne contaminada en la provincia de Guipúzcoa desde 1999.

Por si no fueran bastantes en esta historia, la prensa alemana y la francesa, tan proclive esta última a despellejar todo lo que suene o huela a España, han asegurado que, Contador se sometió a una transfusión de sangre. Circunstancia que se antoja complicada porque desde la creación del pasaporte biológico, documento en el que se anotan, de forma asidua, los diferentes cambios en los parámetros sanguíneos y físicos del ciclista; hasta la más mínima gripe queda reflejada.

Además, Contador fue sometido anterior y posteriormente a controles en los que no se detectaron ningún tipo de sustancias dopantes. Y la obligación de estar localizado las 24 horas del día entraña un riesgo excesivo para cualquier operación de este tipo.

Desde diferentes estamentos se exige una unificación de criterios puesto que, tan sólo cuatro laboratorios en el mundo tienen calibradas sus máquinas por debajo de las recomendaciones de la AMA (Agencia Mundial Antidopaje), entre ellos el de Colonia, que es donde se encuentra la orina del ciclista.

Muchos aseguran que Contador se ha convertido en el conejillo de indias de la lucha contra del dopaje, otros dicen que pase lo pase siempre quedará marcado bajo la sombra de la sospecha. Yo, le creo. Quiero volver a disfrutar del ciclismo como hacía tiempo no lo lograba, no quiero volver a dormir la siesta en esas tardes calurosas de julio, quiero estar en tensión en el sofá, quiero volver a aplaudir como lo hacía cuando Perico pegaba uno de sus latigazos, quiero volver a verle vestido de amarillo y regresar a su pueblo para celebrarlo con sus paisanos. Quiero que sea inocente, algo que será así mientras no se demuestre lo contrario.






viernes, 1 de octubre de 2010

En busca de una identidad perdida


Los últimos veranos han resultado demasiado convulsos para el baloncesto FEB y, el pasado, no ha supuesto una excepción. Desde que termina la temporada, allá a finales de mayo, hasta que empieza el nuevo curso, cada vez más tarde por cierto, se disparan constantemente los rumores. Desgraciadamente, éstos, poco tienen que ver con fichajes de jugadores o entrenadores por parte de uno u otro equipo. La realidad es muy distinta, y la especulaciones circulan alrededor de muchos clubes que ven amenazada su continuidad.

No hace mucho tiempo se vivieron épocas de bonanza en las LEB. Eran otros tiempos, otras circunstancias, había dinero, se pagaba por encima del precio real, pero era lo que había. Entrabas o te quedabas fuera. Así estaba el mercado. La culpa siempre de los mercados, ese modo etéreo de denominar la especulación y las ganas de hacer dinero a espuertas sin ningún tipo de complejo ni remordimiento.

Ahora, como dice mi amigo el de los salmones (te mando un enorme abrazo en estos momentos), las reglas han cambiado, la necesidad ha hecho que los clubes tomen las riendas de la situación y marquen los tiempos y, en muchos casos, el dinero de las contrataciones. Resulta obvio decir que, no corren buenos tiempos y eso se nota en el nivel de las ligas.

Ha llegado la hora de realizar un análisis profundo de la situación, saber por qué se ha llegado a este punto. Más allá de la crisis que azota al mundo en general y a nuestro país en particular. No vendrá mal un poco de autocrítica y una buena dosis de modestia.

La FEB debería analizar el por qué de muchos de los problemas que acontecen cada verano, y no mirar para otro lado como si las ligas LEB las organizará otro y el problema no fuera con ellos. Los clubes tendrán que asumir que no se puede vivir constantemente del dinero público y deberán desarrollar ideas más imaginativas que arrastren al público a sus pabellones y proporcionen nuevas fuentes de ingresos. Sería conveniente lograr la implicación de los medios de comunicación para que estas ligas tuvieran una mayor repercusión. Y los entrenadores y jugadores deberemos seguir en constante formación para hacer que las ligas resulten más atractivas.

Soy plenamente consciente que, lo escrito aquí no es políticamente correcto. Pero es lo que hay. Sin embargo, sí somos capaces de decir estas cosas en círculos cerrados, donde hay confianza para ello y poco miedo a las represalias.

Haciendo referencia a cuestiones meramente deportivas, creo que, la liga ha ido disminuyendo su nivel de manera progresiva. La calidad que presenciamos en la última temporada esta lejos de ediciones pasadas y los partidos resultan menos interesantes y atractivos que hace unos años.

Éste, salvo contadas excepciones que darán un salto cualitativo a la competición, el mayor atractivo estará en ver en los banquillos a excelentes entrenadores. Muchos de ellos con pasado ACB que, han encontrado acomodo en una liga que siempre ha resultado impredecible. Es el caso de Moncho Fernández, Luis Guill, Ricard Casas, Gustavo Aranzana, Andreu Casadevall, Paco García, Natxo Lezcano, Ángel Navarro o Angel Jareño. Habrá que estar muy atentos a sus propuestas y recursos tácticos.

En cuanto a los favoritos, asumiendo el riesgo que tiene hacer pronósticos en esta competición, creo que, Obradoiro está un peldaño por encima del resto, tanto por la confección de plantilla, como por la capacidad de su entrenador. Murcia será el otro que luche por ese puesto de ascenso directo, ha logrado formar un buen equipo, con jugadores experimentados en la competición y otros cuantos con recorrido ACB.

Sobre el resto, Tenerife Canarias, Cáceres, Melilla, Girona,  Burgos, Orense y Breogán deberían ser los que luchasen por los puestos de play-off. Siempre están los que no entran en los pronósticos, los tapados, las sorpresas que año tras año revientan la competición. Apuesto por Palencia y Huesca. Los primeros con un juego que viene marcado por la intensidad y el rigor defensivo; los de Ángel Navarro con una propuesta muy atractiva para el espectador, partidos a muchos puntos, juego eléctrico y presión en todo el campo. Serán la sensación de la liga.

Por abajo los pronósticos resultarán aún más complicados, nadie querrá ocupar una de las dos plazas de descenso. Sin lugar a dudas, la emoción estará presente en cada jornada. Afortunadamente, eso algo que nunca ha faltado en la LEB.