viernes, 3 de septiembre de 2010

Otro modo de entender la vida

Siempre lo he llevado a gala, orgulloso de haber nacido en él, de sus calles y sus gentes y, especialmente, del modo de entender la vida. Siempre nos hemos considerado diferentes, quizás lo fuéramos. Pillos, espabilados, intrépidos, oyendo la hierba crecer porque sino te cargaban con el muerto de haber pinchado las ruedas del tren.

Así era el barrio, espabilabas o estabas jodido. No hacia falta sacar las mejores notas, no era necesario levantar siempre la mano, lo imprescindible era estar vivo en el patio. Allí, o estabas al loro o lo pasabas muy mal. Peor que cuando el Rogelio te sacaba al encerado, y aquello era mucho decir. Que se lo pregunten a Fanjul, al cual dejó sordo de un oído.

Eran otros tiempos, no sé si mejores, quizás, simplemente diferentes. Han pasado unos cuantos años, más de los que nos gustaría, pero al fin y al cabo, seguimos juntos. Ayer estábamos algunos: Josines, Arturo, Fami, Andresín, Javi, Toño y yo. Pura factoría San Claudio, la mayoría del barrio, todos del colegio. Un lugar diferente, donde se mezclaban clases sociales, donde todos aprendíamos de todo y de todos, donde la necesidad se convertía en costumbre y donde el ingenio era la mejor de nuestras armas.

Fueron muchas las risas, más aún las pillerías, de las horas de patio mejor no hablar. El baloncesto como doctrina y Paramio como maestro. Las trampas las inventamos nosotros, una necesidad fingida obligaba, un ingenio recurrido ayudaba. Así éramos, diferentes, orgullosos. Luego, con el paso del tiempo y de los años, cuando resurge aquel espíritu, la frase mana de la boca del interlocutor: "Claro, el de San Claudio". Si media una apuesta: "Que juegue el de San Claudio".

La calle fue nuestra escuela, lo valores aprendidos en casa la esencia de nuestra educación y el compañerismo nuestra principal virtud.

Ayer pasé por allí, lo contemplé con la perspectiva del que lo abandonó hace unos años, un poso de melancolía debió inundar mi mirada; lo vi diferente, viejo, cambiado, triste y cansado. Reconocible en sus casas pero no tanto en sus gentes, en el centro de todo y alejado de la existencia de lo que fue siempre. Caminé como un turista tratando de descubrir sus calles, ajeno a la realidad y a los problemas diarios. Me senté en la plaza donde tantas veces jugábamos, me acerqué hasta el colegio, ahora, un valla impide ver el patio. Ya no es lo mismo, todo resulta diferente, pero al fin y al cabo, siempre será mi barrio.

4 comentarios:

  1. La pesadilla de los del Leonés
    De acuerdo en todo, amigo

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  2. Al venirme a León intenté que mis hijas fuesen a San Claudio. Subí a hacer las gestiones pertinentes y se me caían los lagrimones. Esperaba casi cruzarme con Nieves y doña Elena...
    Recuerdo lo que sufríais con D. Rogelio, es cierto..

    ains... ¿hacemos una reunión, Félix??...

    ;-)

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    1. El otro día vi a don Ángel, estaba como siempre.
      La reunión me parece una excelente idea, habrá que hacer una lista y ponerse manos a la obra.

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