martes, 28 de septiembre de 2010

El triunfo de la soberbia

Hoy voy a dilapidar las pocas opciones que me quedaban de entrenar al Real Madrid de baloncesto, al menos, mientras Florentino Pérez sea el presidente.

Y es que, por más protectores gástricos que tomo, las digestiones me resultan insoportables cada vez que oigo hablar a Mourinho. Me asombra sobremanera ver como un tipo tan engreído, soberbio, altivo, presuntuoso, orgulloso y arrogante, tan falto de modestia y autocrítica, como sobrado de mala educación, ha llegado tan lejos. Ninguna duda cabe a propósito de su currículum, la cuestión es saber si ya era así desde que nació o se ha ido transformando con el paso de los años. Lo que no me creo es que sea una pose, un modo de comportarse tan estudiado y tan irritante es imposible de soportar durante tanto tiempo.

Es una versión más moderna y sofisticada de Javier Clemente. Alguien que no deja indiferente a los demás. Tipos con los que no valen las medias tintas, estás con ellos o contra ellos. La diferencia entre uno y otro son los títulos, ese escudo que te permite arremeter contra todo aquel que no opine como tú, insultar a un jugador que está tirado en el suelo y acaba de recibir una entrada por parte de un jugador de tu equipo, irte de una rueda de prensa porque no te gustan las preguntas que te hacen, faltar al respeto públicamente a uno de tus jugadores, provocar a un estadio con más de 80.000 personas, llevar la corbata como si fueras un forajido o masticar chicle como el mayor de los rumiantes.

Pellegrini, situado en las antípodas del luso, no gustaba al máximo dirigente. Era una persona educada, medido en sus gestos, respetuoso con las opiniones de los demás, sencillo y sin aspavientos.

Estuvo sentenciado desde el primer día, no era un entrenador mediático, de perfil medio (que asco me da esta expresión) y no dejaba grandes titulares. La campaña mediática que se orquestó en su contra fue uno de los espectáculos más injustos y asquerosos que se han presenciado en los últimos años. Todas sus decisiones fueron cuestionadas, no se le reconoció ningún mérito. Y, a pesar de asumir toda la responsabilidad del alcorconazo, algunos sólo le recordarán por aquello y por lograr lo mismo que consiguieron todos los que estuvieron antes que él desde Del Bosque, no pasar de cuartos en la Champions.

Aún queda tiempo y margen de maniobra para ganar todos los títulos, es más del que queda para seguir inventando excusas y pretextos. El Real Madrid, tan acostumbrado desde la llegada de Pérez a rentabilizar sus fichajes en forma de euros, no tanto de títulos; asumió el esfuerzo económico que suponía fichar a Mourinho. Ello llevaba aneja la rescisión de Pellegrini y el pago de la clausula que liberaba al portugués de su compromiso con en Inter. Cifras mareantes y obscenas. Se habla de millones de euros como de cromos, hay versiones para todos los gustos, tres para el uruguayo, ocho para el Inter y entre nueve y doce para "The Special One".

La diferencia entre Mourinho con respecto a Zidane, Beckham o Figo es que, la ausencia de títulos la suplían con la venta de camisetas y con la cesión del 50% de sus derechos de imagen, lo que reportó a las arcas del club ingentes cantidades de dinero. El portugués, tan acostumbrado a convivir con el éxito no puede fracasar en un club donde el único objetivo es la consecución de títulos. Algo que parecen dispuestos a asumir a pesar de perder muchas de las señas de identidad que ha tenido este club a lo largo de la historia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario