lunes, 2 de agosto de 2010

No sólo Lebron tiene la culpa



Cuando a primeros del mes de julio anunciaba su fichaje por Miami Heat para compartir vestuario y, como casi todo el mundo presume, minutos de gloria con Wade y Bosh. En Florida todos los aficionados al baloncesto debieron sentirse felices por esta decisión.

Tres semanas después, al menos treinta personas, hubieran preferido que se quedase en Cleveland o que se hubiera ido a pasar el frío invierno a Second City (Chicago), en lugar de elegir las playas por las que caminó Sony Crockett. El motivo es simple, ha sido tal la repercusión del espectáculo televisivo protagonizado por The King que, en este tiempo se han agotado todos los abonos para la temporada que viene. Incluso hay una lista de espera de 6000 personas. Por lo tanto, los directivos de los Heat se han visto en la obligación de prescindir de los servicios de sus taquilleros. 

Parece mentira, pero el Rey Midas, aquel que debe devolver a la cima del baloncesto mundial a los Heat, revalidar el anillo que consiguieron en las finales de 2006 contra Dallas o lograr que los turistas visiten  las playas de Florida antes que las de California, ha logrado que el efecto inmediato de su decisión haya sido la destrucción de treinta puestos de trabajo.

James, que en su momento fue nombrado como el sucesor del mejor jugador de todos los tiempos, ha hecho desfilar por su mansión de Cleveland a los principales directivos de franquicias como New York, New Jersey, Chicago, Miami... antes de tomar una decisión. La cual se dio a conocer en un espectáculo sin precedentes en los Estados Unidos, y ya es decir. Emitido en directo en prime time por la ESPN,  con diez millones de audiencia, "The decision" duró, nada menos que, seis horas. Resulta obvio decir que hubo tiempo para todo, pero principalmente resultó un bodrio y un ejercicio de narcisismo y megalomanía repugnate. Hablando de sí mismo en tercera persona y dirgiéndose a la nación como si dominara el mundo, para teminar diciendo: " Me llevo mi talento al sur de Florida".


El amor y la idolatría han dado paso al odío y al rencor. Las camisetas vendidas a precio de oro que se paseaban con orgullo, forman parte del espacio de oportunidades de cualquier tienda, incluso muchas de ellas han sido quemadas. Sus paisanos, aquellos mismos que le pusieron en la cima del mundo, ahora le odian como si fuera el enemigo publico número uno. 
Dan Gilbert, el multimillonario dueño de los Cavs, le acusa de ser un traidor y de borrarse en la serie contra Boston. Ese mismo que liquido a un entrenador y a un general manager porque The King se lo pidió, o ese mismo que estaba dispuesto a pagarle 120 millones por temporada.
Jordan, Magic o Barkley han puesto en cuestión su capacidad para conquistar un anillo simplemente acompañado por grandes escuderos.

Lo que parece evidente es que Miami hará un negocio redondo, se habla de cifras que rondarán el billón de dolares. Otra historia será ver si son capaces de vencer el orgullo y la calidad de los Celtics, o el juego de interior de Los Lakers sumado al talento de Bryant.

Quizás haya llegado el momento de alejarse, ver las cosas con la perspectiva que proporciona la distancia y empezar a comprender que convertimos a seres humanos en estrellas primero, ídolos después, para terminar situándolos en un espacio reservado a las divinidades. Luego, cuando llegado el momento se equivocan, su tiempo termina, como el de todos, los focos se apagan y los fans y los periodistas no esperan a la puerta del pabellón; los criticamos, los hundimos y los tiramos a la basura, porque ya tenemos un juguete nuevo.
Afotunadamente las últimas finales nos recordaron a tiempos pasados, nos llenaron de nostalgia y nos llevaron a un tiempo que nunca debimos abandonar. Afortunadamente las últimas finales las vieron 28 millones de personas.

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