lunes, 19 de julio de 2010

Bagnéres de Luchon

Problemas tecnológicos me impidieron publicar el artículo sobre nuestra llegada a Luchon. Ahí va.




Esta noche descansamos a los pies de los Pirineos, mañana nos espera un largo camino hasta  Logroño. Hemos elegido la ruta intermedia, es decir, aquella que nos va a permitir disfrutar de un paisaje incomparable sin que los estómagos se giren del todo. Pasaremos por Roncesvalles, antes de llegar a Pamplona, para desembarcar finalmente en la tierra del Rioja, donde nos esperan Ana, Candela, Nacho y Lola, que, aunque no ha salido aún del vientre de su madre, promete hacerlo en tres o cuatro semanas.

A las once de la mañana dejamos Toulouse, el día de ayer fue como todos los demás, sensacional. Jacques nos ha brindado la hospitalidad de un extraordinario anfitrión, circunstancia por otro lado, normal debido a su categoría humana. Dejamos la ciudad rosa con pena, pero con la intención de regresar algún día.

El viaje hasta Luchon ha sido tranquilo, mucho más, sin lugar a dudas, que el que tendrán los corredores del Tour cuando dentro de tres días concluyan aquí la etapa. La ausencia de fatiga que proporciona conducir, te permite disfrutar del paisaje como seguro no lo harán Contador y compañía. 

Bagnéres de Luchon es una pueblo majestuoso,  repleto de enormes villas, construidas muchas de ellas entre los siglos XVIII y XIX. Mucho ha debido de cambiar desde que 4000 años atrás llegaran los primeros pobladores. Hoy es conocida por la calidad de sus aguas termales y por sus estaciones de esquí. También ofrece un gran número de actividades en verano: descenso de cañones, un gran número de excursiones,  rutas en mountain bike con pendientes vertiginosas, rafting.......y  parapente.

Tenía mucha ilusión por volar, por vivir la experiencia de saber lo que se siente cuando uno está en el aire a esa distancia del suelo, eso sí que es ver las cosas con perspectiva. Pero, desgraciadamente, un impresentable llamado Eric, me dejó tirado cuando habíamos acordado un vuelo para las cinco y media. de la tarde. Así que, si alguna vez visitáis Luchon y decidís volar en parapente, llamadme para que os diga a quién no debéis llamar.

Al margen de esta lamentable circunstancia, el resto fue perfecto, como todo lo que llevamos vivido hasta este momento. Se acerca el final del viaje, demasiado corto, demasiado pronto, pero, sin lugar a dudas, lo suficientemente intenso.

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