miércoles, 14 de julio de 2010

Mediodía-Pirineos


Catorce de julio, día de la fiesta nacional francesa, doscientos veintiún años de la toma de la Bastilla; desfiles pasados por agua en París. Mientras tanto, aquí, en Toulouse, ayer noche asistimos a la fiesta de los bomberos, evento tradicional que transcurre la noche del 13 de julio, los bomberos no bailan, simplemente un grupo local ocupa el escenario para cantar un repertorio lo suficientemente extenso como para que quepan  en él canciones españolas. Al fin y al cabo no dista mucho de cualquier verbena de verano en España. Eso fue después de ver por la tarde la ciudad, la cual tiene su encanto. Conocida como la ciudad rosa, por el color de los ladrillos que componen muchas de las fachadas de sus casas, está dentro de la región con el índice de longevidad más alto de Francia. Unas 500000 personas residen dentro del núcleo urbano, millón y medio si se suma el extrarradio.

A diferencia de muchas ciudades francesas, hay mucha vida en la calle, la gente puebla las terrazas e inunda las aceras. Quizás en ésto haya influencia española, teniendo en cuenta que, en el pasado muchos fueron los republicanos que se exiliaron aquí y al día de hoy es una de las ciudades francesas en la que más españoles residen.
Famosa por su universidad, por el Capitolio (ayuntamiento), el río Garona, sus jardines, su canal, el rugby y su gastronomía, donde el pato ocupa un lugar preferencial, siendo la estrella el foie y teniendo como plato más significativo la cassoulet. Poco apropiado para estos calores, ya que está compuesto de alubia blanca, pato y cerdo. Así que, habrá que hacer otra visita en una época más propicia.



El día de hoy ha sido diferente, hemos visitado un pueblo llamado  Cordes, situado a ochenta y dos kilómetros de Toulouse. Es un pueblo medieval ubicado sobre un monte con cuatro murallas concéntricas que protegen un conjunto de calles estrechas y tortuosas que parecen un laberinto. El primer recinto data del siglo XIII. 
El paisaje que se divisa es un privilegio, cuando estás allí arriba, comprendes que el esfuerzo de subir rampas pirenaicas ha merecido la pena.

Tuvimos la suerte de encontrarnos con un festival medieval difícilmente de encontrar en cualquier otro lugar del mundo. Gentes ataviadas con ropa de la écopa: señores feudales, juglares, bufones, enanos, jorobados, malabaristas.... Lo que hizo que pudiéramos imaginarnos cómo se vivía en aquellos tiempos.

Dentro de una hora pondremos el final de fiesta asistiendo a los fuegos artificiales, será el colofón perfecto a dos días magníficos.







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